Destruye lo que te destruye

Ginger snaps: el terror de lo femenino

/por Paulina Meyer/

 

Los diálogos y las acciones dentro de la diégesis del cine Hollywoodense me hicieron creer que el género predilecto de las mujeres es la chick flick: representaciones constantes de mujeres que cuando tristes comen helado y ven películas románticas, los comentarios del amigo que se queja de tener que ver The Notebook con su novia, las burlas hacia el hombre al que le gusta ver películas sobre heroínas que se buscan a sí mismas, etc. Pero la realidad vivida me ha llevado a concluir que las jóvenes tienen una relación particular con el terror. Comenzando en los 1800 con la novela de Mary Shelley, Frankenstein, que cambiaría el curso del miedo para siempre, hasta el público femenino de hoy que ha vuelto a Ginger Snaps, Jennifer´s Body, The Craft y entre otras cintas, en clásicos de culto.

 

         Ginger Snaps es un ejemplo perfecto del tipo de matices que el horror logra encapsular sobre la experiencia de la feminidad cisgénero.  La cinta canadiense de los 2000 retrata a Ginger y Brigitte Fitzgerald, hermanas y mejores amigas que comparten una fascinación por lo macabro y una sensación de estar solas frente al mundo. Ginger, que es un año mayor que Brigitte, comienza su periodo una noche mientras están fuera de casa. “I´’ve got the curse”, dice Ginger de manera premonitoria. El olor de la sangre entonces atrae a un hombre lobo que la ataca e infecta. Brigitte experimenta preocupada cómo el cuerpo y la actitud de su hermana cambian en los siguientes días: Ginger sufre de fuertes cólicos y menstruaciones abundantes, le empieza a crecer pelo en diferentes partes del cuerpo, desarrolla un deseo sexual e interés por un compañero, cambia su ropa holgada por algo que resalta su figura y sufre de cambios de humor que van de miedo y preocupación a ira y a deseo. En otras palabras, la película establece una alineación paralela entre el proceso de transformación en licántropo y el comienzo de la madurez del cuerpo femenino. 

 

        La menstruación puede ser un evento terrorífico. Estás expulsando sangre, espesa y de un rojo intenso, pero no estás herida. La ves caer por varios días seguidos, acompañada de un tejido oscuro y gelatinoso. Menstruar es un proceso normal, pero no se siente así, pues los dolores que la acompañan parecieran indicar que verdaderamente nos estamos destrozando por dentro y estamos desechando nuestros órganos. A pesar de que la mitad de la población experimenta la regla junto con varios otros mamíferos, los primeros ciclos nos hacen sentir como extraños en nuestros propios cuerpos cambiantes, incluso como si algo terrible nos pasara. Por eso la llaman en países anglófonos “la maldición” y por eso resulta tan compatible con la transformación en hombre lobo que el folclor popular describe como otra maldición que ocurre con las fases de la luna, icónicamente femenina.  

 

        Con el tiempo, nos acostumbramos a la incomodidad, pero lejos de sentirnos normales, continuamos pidiendo en secreto tampones a nuestras mejores amigas y temiendo la peor de las vergüenzas cada que nos paramos y sentimos nuestra entrepierna húmeda. El mismo papá de Ginger lo expresa al pedirle a su esposa que no hable del periodo a la hora de la mesa; la menstruación es algo que debe manterse escondido, como si fuera un terrible secreto corporal. Al igual que Ginger que se rasura constantemente y oculta su cola, debemos sentir vergüenza de los cambios que sufrimos. Hace poco, con compañeros de la universidad –es decir, hombres adultos–, recibí reproches por contestar que me sentía mal por estar en mi periodo al responder preguntas sobre mi estado anímico. “Uy, demasiada información”, “no quería saber eso”, pues todavía no está bien discutir dichos temas en el espacio público. Casi nos hacen sentir como fenómenos o, en el caso de Ginger, monstruos. 

 

            El paralelismo de la regla con la metamorfosis de Ginger es también efectiva porque le permite a su cuerpo ser tanto hermoso como mundano. Mientas que la misma palabra de “hombre lobo” lo denuncia, a las mujeres no se les había pintado mucho como “mujeres lobo” sino como demonios y vampiros tentadores. Pero ser “mujer lobo” permite retratar a Ginger con vello y enojo, lo cual se siente, por más ridiculo que sea, especial.  Al mismo tiempo, hay una famosa escena en donde Ginger camina en cámara lenta  por el pasillo de la escuela en su nuevo y más provocativo look y todos la miran. Mientras más avanza su transformación, más atención recibe Ginger de parte de los chicos populares, demostrando así que, contrario a la media de nuestro siglo que ha resaltado los rasgos de los prepubertos como los más deseables (con cabello sólo en la cabeza, sin celulitis, flacidez o arrugas), los cuerpos que maduran son atractivos y poderosos. 

 

          Al final de la película, Brigitte no logra salvar a Ginger y ésta se vuelve en una criatura cada vez más violenta hasta llegar a completar su transformación. Ginger termina siendo irreconocible y rompe todos los lazos que tenía con su persona más querida. La menstruación y el camino a la adultez significan grandes cambios corporales al igual que psicológicos, por lo cual no es raro convertirnos en una persona diferente a la de nuestra niñez. El periodo de mi vida en el que me sentí más sola fue la adolescencia, pues acontecí cómo me alejaba de quien solía ser y de la gente que ocupaban un gran espacio en la vida de esa otra persona. Crecer significa distanciarse, cosa que Brigitte aprende cuando la fiera que solía ser Ginger la desconce y trata de matar. A pesar de que juraron vivir y morir juntas, Ginger se impala accidentalmente y la historia concluye con Brigitte llorando su muerte sobre su pecho. Adolecer también es duelo, pues pierdes muchísimas cosas: tu inocencia, tu simpleza, los lazos del mundo infantil.

 

         El terror nos permite hablar de los lados tabús, tétricos y complicados de nuestra transformación en mujeres. Nos ofrece un formato para expresar aquello que en otros espacios es callado y reprochado. Es un proceso de catarsis que termina en nuestra aceptación de que madurar sí es un proceso difícil, raro y terrorífico tanto a nivel inter como extra personal. Ginger Snaps es un espejo retorcido de la manera en la cual se nos señala y marginaliza por tener un cuerpo que comienza a ser adulto, al igual que Jennifer´s Body denuncia cómo se nos cosifica y The Craft nos advierte del peso que tienen nuestras acciones una vez que tomamos agencia sobre nuestra vida. El cine de miedo logra encapsular las complejidades de la femeninidad de manera intrigante y aterradora; y debido a esto, el terror se ha vuelto en un género importante para muchas mujeres jóvenes. 

 

 

 

 

 

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Tags :MenstruaciónTabú

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