Condado

Where is the path to Wonderland Over the hill or here or there I wonder where

/por Marcia Ruíz/

 

¿Acaso no has querido ser parte de los mitos? Caer entre las grietas y desaparecer. Buscas entre los recovecos de la biblioteca, cruzas con los ojos cerrados el arco que se formó de ramas caídas en el bosque. Deseas una y otra vez por una puerta ya sea convencional o no (vaya que sea el agujero del conejo blanco, un montículo o una puerta pintada en un estilo pretensioso francés, Trompe L’oeil), en el callejón que siempre tomas para ir a la tienda. Siempre con falta de algo.  

 

          La fantasía del portal yace expectante, pasando la ficción y las columnas de libros que quisieron imitar el Señor de los Anillos por la milésima vez. Se encuentra en todo tipo de formato. Encuentras al pionero de este género entre las palabras de Charles Dodgson (Lewis Carroll). Sigues a Alicia, la cual persigue al conejo y con ella exploras otro mundo. Un mundo donde parece que la forma en que a veces percibes las cosas encaja mejor. Entonces te entregas completamente al escapismo. Tu mente prospera al igual que la de los personajes en sus aventuras, puesto que las reglas de este mundo fantástico e ilógico llegan a tener más sentido que las del lugar del que provienen tanto lectores como héroes.  

 

          Entre mitos y criaturas fantásticas se encuentra un sentimiento de pertenencia y un lugar seguro. Este mundo no ha sido creado para el resto, sino para estos con sentimiento alienado. Parece hecho a la medida tal cual y como el de Alicia: “Si yo hiciera mi mundo todo sería un disparate. Porque todo sería lo que no es. Y entonces al revés, lo que es no sería y lo que no podría ser si sería.”  

 

          Estos personajes de la fantasía de portal parecen estar configurados o codificados con ciertas afectaciones mentales: son antipáticos o ermitaños, son extraños puesto que no ven las mismas prioridades ni ideologías de los otros. Sufren de depresión o se desconectan del mundo, intentan ser callados, sé aíslan o se distraen con facilidad. Durante su estancia en el otro mundo encuentran una manera eficiente de escape ya sea  el del aburrimiento o del sentimiento de no tener importancia. Un escape de una vida a la que no se pertenece y un mundo que tiende a tener un sistema hecho para personas neurotípicas. Este mismo mundo que los aliena, y busca siempre clasificarlos o denominarlos para que no afecte su homogeneidad. Si es que no caen en la extremidad del manicomio. ¿Cuántas adaptaciones hemos visto en las que Alicia está internada en un  hospital psiquiátrico, desde videojuegos a películas? (Cayendo claro, en el estereotipo misógino de la histeria) y aun así después de encontrar ese santuario los personajes retornan a su propio mundo. Lo cual es la mayoría de los casos en estas historias, el personaje principal se ve forzado a regresar; como los hermanos Pevensie (Narnia, C. S. Lewis) o Dorothy (Wizard of Oz, L. Franck Baum). Usualmente. Hasta ahora solo unos cuantos han podido arrepentirse de su decisión y vuelven o toman la decisión de nunca retornar a su vida cotidiana. 

 

          He podido observar el fenómeno de que los lectores con más interés en estas historias, no aquellos que lo leen por obligación o simplemente por qué les atrae, pero no son sus textos preferidos, no; los que buscan específicamente este tipo de historias experimentan un sentimiento de comodidad en ellas. Encuentran, la mayor parte del tiempo, una gran conexión con estos personajes, logran codificar la relación entre sus propias afectaciones, si es que sufren de un trastorno de hiperactividad o de depresión o cualquier otro, con la forma en que los personajes están configurados. Se ven reflejados en Alicia (Alice in Wonderland, Lewis Carroll), en Richard (Neverwhere, Neil Gaiman), Zachary Ezra Rawlins (Starless Sea, Erin Morgenstern).  

 

          El lado bonito de escapar por un momento de forma sana y el contraste del deterioro mental y la consideración del suicidio. La facilidad que tiene el personaje principal de abandonar su mundo de guerra o de la monotonía de la oficina. De un día a día insignificante que resulta agobiante en cuanto se siente como una pérdida de tiempo y que el resto te arrastra por el proceso y el resultado de búsqueda de algo más. Richard en Neverwhere de Neil Gaiman se convierte en un héroe y despierta del estupor de una vida que consideraba mediocre.  

 

          El suicido como un deseo ya presentado en el personaje previamente a su viaje y la manifestación de este en el mundo fantástico por medio de voces macabras en la obscuridad. La voz que incita a Richard a pararse en las vías del metro o que intenta convencer a Ezra que imaginó todo y que ya está muerto, por lo tanto, debería solo descansar y no continuar con su aventura ni cumplir lo que se propuso. Estas voces corroen la mente del personaje y lo desvían. Entienden que no tiene sentido y regresan al estado depresivo en el cual se encontraban antes de cruzar el portal. 

 

          Alicia parece tener una discusión interna sobre agencia y la creación del otro mundo, se ve reflejada en el rey rojo, la pieza más importante, que duerme y sueña. Sin él, el mundo a través del espejo se derrumba, y Alicia comprende qué lo mismo habría de pasarle a ella. ¿Qué le pasaría al mundo que esta al otro lado del espejo si Alicia dejara de existir?  ¿Qué pasaría si ella se deshiciera del rey rojo al despertarlo? El resto de los personajes tendrían agencia al fin y se convertiría en un sacrificio noble.  

“He’s dreaming now,” said Tweedledee, “and what do you think he’s dreaming about?” 

Alice said, “Nobody can guess that.” 

“Why, about you!” Tweedledee exclaimed, clapping his hands triumphantly. “And if he left off dreaming about you, where do you suppose you’d be?” 

“Where I am now, of course,” said Alice. 

“Not you!” Tweedledee retorted contemptuously. “You’d be nowhere. Why, you’re only a sort of thing in his dream!” 

“If that there King was to wake,” added Tweedledum, “you’d go out — bang! — just like a candle!” 

         No solo se desea un escapismo temporal por parte del lector, si no que a veces la idea de abandonar su vida parece un buen final para ellos o al menos uno que les dará libertad. Por lo tanto, no es tan difícil el querer irse a otro mundo. Ignora querer ir a Hogwarts y después regresar a tu casa; lo que realmente se desea es un desapego y un viaje a otro plano, ¿por qué continuar aquí? Sea cual sea la conexión o la representación que sienta más cercana, el lector específico de estas historias se siente cómodo y representado dentro de estas historias. Su portal, las páginas de un libro. Y al final como estos héroes tiene que abandonar ese espacio.  

 

          A veces se escucha el susurro entre las paginas, pero este se confunde con los pensamientos intrusos y se continua con el día.

 

 

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: web.esporarevista@gmail.com).

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