La feminista local

NO DEJO DE SER BISEXUAL POR TENER NOVIO, PERO GRACIAS POR PREGUNTAR

/ por Fernanda González/

 

El día que hice público en Facebook que tenía novio, me llegó un mensaje preguntándome si por fin me había decidido. El mensaje se veía inocente: un viejo amigo curioso, nada raro. Respondí con un casual “jajaja sí, ya tocaba”, pensando que se refería a que por fin me había decidido a estar en una relación. Y pues no, no se refería a eso.

  “Lo sabía! Eso de la bisexualidad es una pendejada jajaja”, escribió muy seguro de sí mismo y de las palabras que tecleaba. Después de tomarme un minuto para calmarme y no soltarle un sermón ahí mismo, decidí responder con un “sigo siendo bisexual, sólo que ahora tengo novio”. Esa no era la respuesta que él quería, y no le gustó para nada. Me mandó un total de 36 mensajes seguidos, mensaje tras mensaje sobre la incoherencia de ser bisexual, mi indecisión y todas las razones por las que él, como un hombre heterosexual, creía que yo estaba fingiendo mi sexualidad para “hacerme la interesante”.

    Y ahora estoy aquí, escribiendo una columna sobre cómo la bisexualidad, a como yo la entiendo y decido vivirla, es la atracción sexual y/o romántica por personas de más de un género, en diferentes niveles e intensidades. No quiero dar fuentes oficiales porque eso me hace sentir que estoy escribiendo un ensayo en el que tengo que corroborar lo que digo para que me crean. Y eso me convertiría en parte del problema. Digo que soy bisexual y no necesito dar una lista de las personas con las que he estado, sexualmente o no, ni una bibliografía con al menos 10 fuentes oficiales en formato MLA. Soy bisexual y ya, punto, fin de la discusión.

    Como una mujer bisexual me he acostumbrado a caminar por una cuerda floja que de un lado tiene cocodrilos pervertidos que disfrutan la idea de incluir a una tercera persona en sus ridículas y aburridas relaciones porque es “emocionante”, y del otro tiene un tanque de tiburones hambrientos que quieren destrozar a cualquier persona que no encaje en sus ideas de sexualidad, que creen que la bisexualidad es un chiste y que si no se vive a como ellos la ven, está mal.

    He aprendido a presentarme de una manera que no sólo pruebe que existo, sino que lo justifique. “¿Eres bisexual? ¿Te interesaría un trío?” es algo que me han preguntado más veces de las que me gusta recordar. Mi respuesta automática es “no, gracias”, antes de inventarme alguna excusa para poder irme lo más rápido posible. Amigas lesbianas me han pedido que por fin me decida, que deje de negar “mi naturaleza sáfica”. Después de eso paso un buen rato intentando explicarles que Safo era, de hecho, bisexual. Les doy pruebas, se enojan, se van, y termina la conversación.

    Se vuelve cansado tener que probar que mis gustos son válidos y que no soy sólo una parada en el camino hacia decidir que soy lesbiana ni que me hago la interesante antes de admitir que todo ese tiempo fui heterosexual con curiosidad, que elegir estar en una relación con un hombre no me hace menos bisexual.

    Para cuando se publica esta columna ya no tengo novio, y sí es tan triste como se lee. Pero recuerdo que un amigo me preguntó “¿y qué piensa tu novio de tu bisexualidad?”, esperando una de dos respuestas: 1) que mi novio estuviera en total negación y yo viviera reprimiendo una parte tan grande de quien soy (imposible, nunca, jamás, no de nuevo) o 2) que estuviera cumpliendo los sueños guajiros que mi novio siempre tuvo sobre vivir en una relación donde hay tríos todo el tiempo. No era la primera persona en preguntármelo, pero es el ejemplo que tengo más claro. La respuesta a esa pregunta siempre era menos interesante de lo que esperaban y les incomodaba mucho más de lo que querían admitir: “nada, porque él también es bisexual”.

    La mejor parte de salir con él era que podía mostrarle a cualquier persona que me pareciera atractiva y esperar una opinión honesta, nada de esa homofobia internalizada típica de heterosexuales débiles de “ja ja ja no sé, no soy gay”. Yo sé que para él en ningún momento fui un fetiche o algo exótico, que cuando me veía la primera palabra que se le venía a la mente no era “trío”, y que consideraba todas mis relaciones anteriores válidas. Él sabía que sus ex novios no me molestaban, que sus experiencias y gustos eran eso: suyos. Haber elegido estar en una relación con él no nos hizo ni más ni menos, ni más aceptables ante de la sociedad ni menos parte de la comunidad LGBT+.

    Así que, para todas las personas que andaban con la duda y que tal vez piensan que por fin voy a “decidirme” porque ya no tengo novio: sigo siendo bisexual y lo voy a ser hasta que me muera, pero gracias por estar tan al pendiente.

 
 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com)

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