Lego ergo sum

BORROSIDAD

/ por Rodrigo Lichtle/

Creo que la pregunta correcta es: ¿el dejar de ver borroso me quitará el pensar borroso? Sí, eso parece abarcar todo. Perder algo, ¿implicará lo otro? No lo sé.

  Tal vez la costumbre sea a lo que le tenga miedo. El pensar borroso, distraído, no puede desaparecer nada más así. No tiene por qué. Es mucho más. No tiene por qué depender de la vista. El pensar no es sólo observar con notas.

  Puede ser visto como un proceso de emancipación. Librarme de unos lentes. Librarme de un objeto y mi necesidad de emplearlos en todo momento. Colonizado desde pequeño a través de un simple objeto y su dependencia a él. Así puedo verlo. Terminando en un proceso, tal vez de colonización médica, que me permite la liberación. La libertad. Así puede ser. Así debería verlo, en claridad.

  Pero eso no quita que fuera parte de mí. Tal vez quiero estar colonizado porque esa misma colonización ya es parte de mi identidad. Puede que sea el miedo. Perder mi ser, o aunque sea una pequeña parte de él. Perder tanto lo superficial como lo más sentimental, perder una rutina. Un despertar conformado por el tomar unos lentes, acercarlos a la cara, ponerlos, y así poder realmente entrar a la realidad a través de la vista, eso se pierde, y probablemente se olvide. Hasta que en un futuro la claridad sea lo único existente. Mi única experiencia.

  Ese ritual se desvanece.

  Depender o no, eso es aquello con lo que me identificaban los demás. Un rasgo destacable, en comparación con muchos otros sin importancia. Tal vez los defectos pasen a ser lo que me defina. De cierta forma, los que sobresalen y me hacen a mí. Lentes soy yo. Sin ellos me pierdo. Lo borroso soy yo. Una mancha. Una foto mal tomada. Imperceptible. Una E que no puede leerse sin importar su tamaño. Un mundo conformado por difuminaciones.

  Si no veo borroso, ¿dejo de pensar borroso? De alguna forma quiero conectar la vista a mi identidad. Quiero ver para pensar. Mi mundo se pierde. Quiero pensar que el mundo es borroso, y que así tenía que verlo. Que si no puedo verlo, no puedo entenderlo. Que se pierde el detalle en cuanto me alejo. Que puedo entenderlo, pero sólo en partes. Temo perder esto. Perder mi borrosidad del mundo.

  La claridad tiene un costo, aunque la dependencia lo tuvo también. Le temo al cambio aunque sea inevitable. Le temo al olvido. Al final puede que de los defectos perdidos no quede nada. Nada destacable.

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com)

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