La neta del planeta

Fondita doña Chabelita

/ por Mapi/

Otro fin de semana con la familia: vas a Atlixco a comer al centro y entras a una pequeña fondita de comida mexicana. La señora que te atiende es de unos 50 años, un poco robusta, y a pesar de no tener todos sus dientes, tiene la sonrisa más carismática que has visto. Ordenas un arroz con adobo y quedas fascinado con el platillo, tanto que se lo expresas a la señora, quien se ruboriza. Tu mamá y la señora empiezan a platicar, como si fueran amigas de toda la vida: tu mamá le pregunta por su familia, le dice que su esposo ha de estar encantado con sus guisos a lo que la señora contesta: “Ay, señora, ese infeliz…”

  Te gana la curiosidad y le preguntas: “¿Qué pasó?”

  —Ay, mija. lo encontré encamado con mi mejor amiga —contesta. No dije nada, no quería perder a mis hijos, pero un año después se fue. Tuvo otra familia. Mis dos hijas y yo nos quedamos sin un centavo—. En la mirada de la señora se ve desilusión pura, te entristece saber que cada día es más común ver a una madre soltera.

  —¿Cómo le hizo para sacarlos adelante? —preguntas de nuevo.

  —Las mamás nos las ingeniamos, pero la verdad mi suegra me ayudó. Para ella yo siempre fui como su hija, y cuando se enteró de todo lo que pasaba, me empezó a dar de su dinero para que les diera de comer a mis niñas. Después me enseñó a cocinar y ahora todo lo que sé es por ella.

  —Pues déjeme decirle que es uno de los adobos más ricos que he probado, doña Chabelita—. Le dices, pensando que se llama así por el nombre del lugar.

  —¡Uy no, mija! Yo soy Mirian; Chabelita era mi suegra, en paz descanse. Este era su changarrito. Fijate que gracias a ella le pagué la universidad a mis niñas.

  —¿Ah, sí? ¿Qué estudiaron?

  —La más grande es licenciada en educación y la chiquita es ingeniera, pero la verdad es que ninguna ejerce lo suyo.

  —¿Por qué?

  —No tuvieron la oportunidad, y el dinero siempre se necesita; luego tuvieron hijos y ahora es más difícil que hagan lo que les gusta.

  La plática con doña Mirian continúa con naturalidad, ordenan más comida, y poco a poco te vas enterando más acerca de su vida. Le prometen que irán más seguido y que la recomendarán.

  México es uno de los países con más madres solteras en el mundo: según el INEGI, de cada 100 mujeres, 47, entre los 15 y 54 años, son madres solteras. De esas 47 mujeres, el 53% no tiene educación o su máximo nivel de estudios es la primaria; la mayoría de estas mujeres ha declarado que fueron engañadas por sus parejas, quienes les prometían cosas como: “no te preocupes, no tendrás que trabajar nunca porque yo pagaré todo”, “no es necesario que nos casemos, nuestro amor es más fuerte que un papel”, “nunca te faltará nada”, “siempre serás la única”.

  Además, de acuerdo con la ENOE (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo), el 41% de las mujeres trabaja, el 31% lo hace en el sector informal, el 12% en el ámbito doméstico y el 6% no recibe paga por su trabajo. Otro dato es que 35 de cada 100 mujeres solteras cuentan con atención médica, pero solo el 11% tiene beneficios de maternidad en el trabajo y el 5% tiene prestaciones de guarderías.

  Actualmente, escasean campañas de apoyo para estas mujeres; las que existen son para que las mujeres jóvenes terminen su educación, sin embargo, ¿qué pasa con aquellas que ya tienen una educación pero no tienen tiempo para cuidar a sus hijos y trabajar?, ¿qué pasa con aquellas que no tienen experiencia laboral y que por ello no son contratadas? Nada, se las deben ingeniar, dejando a sus hijos con familiares o amigos, arriesgándose a que sean maltratados. Algunas con miedo y otras con enojo pero al final solas, con los pantalones bien puestos.

  Es tan grande el miedo y la incertidumbre de criar a un hijo sola que muchas  mujeres abandonan a sus hijos, los dan en adopción, o llegan a suicidarse con ellos, como el caso de la colombiana Jessy Paola Moreno Cruz y su hijo May, fallecidos el pasado 6 de febrero: la madre abrazó a su hijo, de 10 años, y se lanzó de un puente. Las autoridades quisieron detenerla, pero no pudieron. Días después, se dieron cuenta de que la señora tenía una gran deuda económica y al estar desempleada no supo qué hacer, encontraron una nota de suicidio que decía:

  “Me despido de este mundo. Me metí en los ‘gota a gota’ hace más de dos años. Me acabaron comercialmente y mi hogar es la peor maldición de este mundo. No tengo esperanza. He sido vencida y humillada. El hombre que dijo amarme, me dejó sola, sola.
Me dejaron sin nada, todo lo que trabajé, todo lo que viví, todo lo que ame, todo lo que dí, se me arrebató en un instante, mi error fue confiar en las personas equivocadas. Qué equivocada estaba cuando pensé que esa era mi solución!

  Qué equivocada estaba en ese momento que recibí ‘ayuda’ pensé que las cosas mejorarían, qué equivocada estaba cuando decidí darle una oportunidad más al amor! Qué error más grande cubrir un error con otro y eso me llevó a perderlo Todo. Fallé en todo aspecto posible, y le fallé al ser que más amo en la vida, no tengo cómo sostener su estudio, no tengo como darle un plato caliente de comida, lo puse en peligro, cuánto lamento fallarte hijo, tolero la idea que alguien pueda lastimarte por mi culpa, prefiero irnos lejos y olvidarnos de este mundo, respirar se hace cada vez más difícil, amenazas, deudas, desamor, no puedo más. Me dirán cobarde, pero solo Dios sabe la angustia y el terror que me da pensar que alguien te pueda hacer daño por mi culpa. Si tan solo alguien me ayudara!!!

  ¿Quién me puede prestar dinero?¿Un hogar tal vez?.

  No hay nadie… El mundo es peligroso y yo no puedo protegerte. No tengo esperanza, vencida, humillada y destruida. Sin fuerzas. Todos mis días son grises. Mi corazón palpita angustiado. Lloro de frustración e impotencia. Soy una fracasada. Esta vez no te fallaré hijo mío, nadie podrá hacernos daño nunca más.”

  El “gota a gota” es un préstamo inmediato en Colombia, el cual tiene una tasa de interés muy elevado, del 20% al 40% mensual, aproximadamente.

  La madre soltera aprende a ser madre y padre, a pedir ayuda, a enfrentarse a preguntas incómodas, a hacer grandes sacrificios con tal de ver felices a su hijos. Estas mujeres, a mi parecer, son pilares de fortaleza, capaces de dejar lo mucho o poco que tengan para darles una educación, un hogar y felicidad a sus hijos. Ser madre no es cosa fácil, por ello nuestro único trabajo como hijo es agradecer los sacrificios que se hacen por nosotros, porque nadie nos amará tanto como la mujer que nos cambió los pañales, la que limpió nuestras lágrimas, que ahuyentó a los monstruos de nuestra cama; a la que no le importa no comer con tal de que tengamos un desarrollo adecuado. La única mujer que se tragaría su orgullo para ver qué tan lejos llegamos.

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com)

Tags :Madres solteras

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