Éxodo y quemadura

El problema de ‘Nosotros’

/por David Santiago Mayoral Bonilla /

 

Por Jean Michel Basquiat aprendí que el lenguaje es un cráneo medio vacío, 80% furia. Es esa la razón por la que este texto no podría llamarse ‘Nuestro problema’, por más que quisiera. No existe ‘Nosotros’ sin discriminación, violencia y autoridad. El pensamiento detrás de esta palabra, diseñada para fagocitar o expeler, es lo que ha dado a luz una humanidad siempre en crisis.

 

          Nuestro problema es la noción misma sobre la existencia de algo propio, indefectiblemente nuestro, en buena medida irrenunciable cuando se consolida, olvidando que fue, alguna vez, inconsistente. Nosotros se convierte rápidamente en un código para lo deseable, lo aceptable y lo punible. Pronombre posesivo de la primera persona en plural. Existe en prácticamente todos los idiomas del mundo, asimilándose bastante al significado de ‘conquista’.

 

          La identidad rara vez funciona en términos positivos. Es más fácil definir parcialmente un ente y discriminar todas las cosas que no se parezcan a él, para completar su definición que proponer predicados únicos y válidos para cada elemento del mundo. ‘Nosotros’, sin embargo, parece comportarse de ambas maneras a la vez. Fagocita, decíamos, a la vez que expele.

 

          ‘Nosotros’ se convierte rápidamente en otras palabras: nación, religión, secta. Cada una de estas expresiones tendrá, a su vez, ejemplos: Estados Unidos, cristianismo, Ku Kux Klan. He aquí un ‘Nosotros’ específico. He aquí el velo del problema.

 

         Resulta que la palabra en cuestión se construye en colectividad. ‘Nosotros’ implica, cuando menos, yo y otro. Mientras que yo poseo experiencias, ideas y preocupaciones propias, debo estar consciente de la existencia de otras que no son mías. Si la identidad propia es irrenunciable, la discriminación de mis rasgos frente a los de otro no sólo es posible, sino necesaria. ‘Nosotros’ es una forma abreviada de decir «existo a pesar de ti, existes a pesar de mí». Desconozco la forma en que esta fórmula se ha transformado en lo que hoy, atravesado por el poder y un dio$, tenemos: «existes porque yo lo permito».

 

          ‘Nosotros’ es apenas un fingimiento. Nunca representa unión cuando se trata de identidad, pero su empleo histórico resulta en lo que tanto combatimos actualmente: una voz única que, de manera extraña y violenta, se presenta a sí mismo como única, sesgando las demás bocas como balbuceantes.

 

        Fagocitar: absorber y neutralizar. Expeler: expulsar desde el interior. Entonces, Jean Michel Basquiat y Al Díaz escriben con pintura en aerosol: “For those of us who merely tolerate civilization”. El us de esta frase apareció en alguna calle de Nueva York, una tercera ciudad que no es la de Dios ni la del humano. San Agustín erró. Hay quienes no nos pertenecen, pese a la civilización, la conquista.

 

          Basquiat, cuando no hubo más unión con Al Díaz, comenzó a pintar cuerpos y cráneos negros. Yo los miro formando un espacio al que no me es permitido pertenecer. Son cráneos brutales como el lenguaje. Cuerpos en forma de duda. Las preguntas aparecen en algún lugar del cráneo. Y Basquiat, negro: ¿qué significa ser ‘nosotros’?

 

          No puedo hablar de ‘nuestro’ problema porque el ‘Nosotros’ al que pertenezco históricamente no es racializado, ni ha sido sujeto a la esclavitud, mucho menos a la negación de una identidad o de su humanidad. Mi ‘Nosotros’, uno de tantos –NosotrAs, Nosotrxs–, apenas se plantea el problema de sí mismo y, cuando lo hace, su debate es plenamente teórico. Qué temor a renunciar a tener la única palabra posible, ilusión e instrumento de la dominación. Fagocitamos como romanos imperiales y expelemos como olímpicos a Prometeo. Nuestro ‘Nosotros’ nunca será una forma de resistencia. Nuestra próxima hazaña debería ser la renuncia, el silencio.

 

Imagen tomada de Internet. 

 

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