Conciencia derramada

Como dice la chaviza: la edad exacta de la desesperación

/por Tania Rivera/

 

El siempre afable Guillermo del Toro ha dejado grandes palabras para la juventud, sin embargo en este momento de mi adultez no encuentro otras más acertadas que las siguientes: “ustedes los jóvenes están en la edad exacta de la desesperación. Yo nunca me sentí más acabado y viejo que a los veintitantos. Decía ‘ya me pasó la vida y no hice nada’”. Si, los veintitantos son una edad extraña. Hay gente que empieza a triunfar y consolidar su vida adulta, y otros tantos que estamos en el limbo propio de la incertidumbre y únicamente anclados por las expectativas sociales. No obstante, en lugar de quejarme sobre mi aterrador futuro que ya es cuestionado por algunas personas, quisiera llamar la atención de ti querido lector para observar el momento exacto en que muchos de mis contemporáneos descubrieron que ya no son la “chaviza” gracias al mundo del internet.

 

          Todos los jóvenes tenemos nuestro propio argot, una suerte de Nadsat que funciona como frontera, un límite que los más grandes que nosotros no pueden flanquear porque su llave (la juventud) empieza a fallar, pero también representa la cercanía de expresión con nuestros amigos. Recuerdo por ejemplo, justificar todas mis tonterías en la secundaria bajo el signo protector del “yolo”, terminar cualquier declaración con “ALV” para más contundencia o reír ante un chiste que no me daba risa con “LOL”, o más recientemente, tener que explicar a los adultos a mí alrededor qué significaba “crush”, “stalkear” o “hater”. Sin embargo, parece que a los jóvenes se les olvida que la juventud no es para siempre y así como tus papás de repente no te entienden, tú  eventualmente no comprenderás a la chaviza, como ahora que te digan GPI o POV.

 

          Y es que estas dos siglas se convirtieron recientemente en una fuente de preocupación para las personas de mi generación, quienes al parecer creían que quienes nacieron en el 2000 seguían teniendo 10 años. Si bien decir “preocupación” suena exagerado, porque al final todas estas reflexiones se volcaron en gran variedad de memes, no deja de resultar simpático el observar las reacciones de conciencia de los “jóvenes” por acercarse peligrosamente a la siguiente categoría: los chavorucos. 

 

          Debo admitir que este tema ha sido fuente de grandes debates entre mis amigos desde antes de que aparecieran a la vista el GPI y el POV y lastimara el ego de la juventud de algunos. Mis compañeras de la secundaria se están casando ¿debería casarme yo también?, Fulanito se acaba de mudar a un departamento ¿debería dejar la casa de mi madre? y más importante aún, ¿cuánto tiempo me queda para hacer todo lo que quiero hacer? lo cual, a su vez me hace preguntarme ¿por qué creo que tengo tiempo límite para ello? 

 

          La única explicación que tengo para esto es el inherente miedo a la muerte que persiste en todos los seres humanos desde nuestro andar primitivo por el mundo. Paula Pochintesta explica que el temor a la vejez (antesala de la muerte) está relacionada con la fragilidad, el sentirse vulnerables y perder la propia autonomía. Asimismo, el envejecimiento está “asociado al temor de frente al deterioro corporal, secundario al enaltecimiento que goza la juventud” (pág. 16). Madonna en 2016 ya nos lo había advertido “no te hagas mayor. Cumplir años es un pecado. Serás criticada, serás vilipendiada y, definitivamente, no pondrán tus canciones en la radio”.

 

          Y yo sé, querido lector, que probablemente no tengas intenciones de que tu música suene en la radio, sin embargo ¿cómo no vamos a compartir el temor a la vejez de Madonna cuando volteamos a mirar todo lo que nos dice en los medios?  Por lo menos una vez al día me encuentro con notas que empiezan con algo como  “mira lo guapa que se ve esta mujer a pesar de tener 45 años”,  “fulanito ganó un premio a pesar de tener 55”, “está en su mejor momento, a pesar de tener 60 años”, siempre es con una apostilla de “a pesar”. ¿Cómo no vamos a compartir el temor de envejecer de Madonna cuando vemos que detrás de ti vienen otros y tú te acercas peligrosamente a ocupar el lugar de quienes te precedieron?

 

          Sumado a este temor, también surge una confusión similar a la adolescencia, cuando te juzgan demasiado chico para ver películas de terror, pero demasiado grande para pegarle a la piñata. Así se siente un poco tener veintitantos: eres muy joven para cuidar de ti, no tienes toda la experiencia que quisieras (en ningún ámbito), sin embargo ya tienes que preocuparte por tu declaración al SAT y conseguir un trabajo con seguro. La vida, entonces, se convierte en un péndulo que oscila entre el “no puelo, toi chikito” y el “soy un adulto independiente”. 

 

          Cualquier lector que haya leído alguna vez las palabras que mensualmente ocupan este medio, sabrá que no dejó pasar ninguna oportunidad de quejarme de la indignación absurda de la “generación de concreto” respecto a cualquier tema que nos interese a la “generación de cristal”. Sin embargo, todo este asunto de lo efímero de la juventud me hizo pensar seriamente en que, quizá todos esos señores allá afuera que se espantan de los veinteañeros con tatuajes y conciencia social, fueron en su juventud transgresores. Pensemos en que ahora el reggaeton es sinónimo de degenere y vulgaridad, y para nosotros es un desafío al status quo, pero en su momento, esos adultos espantadizos también gritaron a sus padres que querían vivir su propia vida, escucharon música indecente y probablemente tenían ideales de un mundo mejor. Quizá, a eso se refería Harvey Dent cuando le dijo a Bruce Wayne “mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para volverte un villano”. 

 

          Y es que, el peso de los ideales aumenta conforme las rodillas empiezan a flaquear. Sí la juventud no dura nada ¿Cuánto pueden durar los ideales de los jóvenes? Al respecto, dice Guadalupe Nettel en La hija única (2020). 

“Cuando uno es joven resulta fácil tener ideales y vivir conforme a ellos. Lo complicado es mantener la coherencia a lo largo del tiempo y a pesar de los retos que nos impone la vida” (pág. 6).

          Me gusta pensar, a pesar de lo anterior, que mi generación es distinta, que las intenciones de desaprender aquellas cosas que nos han herido por milenios perdurarán hasta nuestra vejez, que en nosotros termina todo el dolor de la tierra, pero también me pregunto si en un momento dado, no será más sencillo sucumbir a la facilidad de un trabajo, un matrimonio, un algo que nos devuelva al silencio…

 

          En cualquier caso, quizá el atento lector se habrá percatado de que en el fondo, esta reflexión es sólo un intento por no aceptar la realidad: me siento vieja. Igual que Del Toro, he llegado a la edad de la desesperación; mis casi 25 años en este planeta no son suficientes para comprender todo lo que ocurre a mi alrededor, y si ahora que mis sentidos se encuentran más despiertos por el candor de la juventud, no confío en mi percepción por considerarla incompleta ¿Qué pasará cuando los prejuicios de la vejez cubran de niebla mis ojos y cierren mis oídos a las voces nuevas? Supongo que, como buena parte de las dudas, se resolverá conforme avance el tiempo. Ya veremos si es que nos han mentido y en realidad la edad de la desesperación es toda la vida 

 

Referencias 
De los Ríos, E. (Agosto 2018).  “El discurso con el que un día Madonna nos hizo llorar”. Mujer de hoy. Recuperado de https://www.mujerhoy.com/vivir/protagonistas/201612/14/discurso-michelle-obama-madonna-20161214171419.html 
Nettel, G. (2020). La hija única. México: Anagrama. 
Pochintesta, P. (2010). “Las emociones en el envejecimiento y el miedo ante la muerte”. Investigaciones en psicología. Núm. 15, pp. 117-140. Recuperado de http://www.antropologiadelasubjetividad.com/images/trabajos/paula_pochintesta.pdf
 

Imagen portada: “Las edades y la muerte” de Hans Grien Baldung, Museo del Prado.

 

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