La neta del planeta

Me dijeron frijolero

/ por Mapi/

Entras a una cafetería, te formas en la línea para ordenar, y en eso escuchas que las personas sentadas a unos pasos de ti murmuran lo siguiente: “se ve bien gay, de seguro hasta tiene sida”, “parece medio ratero, mejor agarra bien tu bolsa”, “mirale los ojos, está drogado”, “por su tono de piel ha de ser de algún pueblito”, “¿ya le viste los tatuajes?”. Sus palabras te hieren y ese mismo sentimiento te impulsa a confrontarlos, pero en ese momento se levantan para irse del lugar. Al llegar tu turno para ordenar, el cajero se va, dejándote a su espera tu primer instinto es pensar en que fue al baño. Pasan más de 5 minutos. Entonces te das cuenta de que se está escondiendo. Con ira le gritas que te atienda, pero no sale de su escondite. Después de unos minutos se rinde y sale a tomar tu orden, no sin antes mirarte de arriba a abajo. Su mirada es de asco y te dice: “Perdón, no creo que puedas consumir aquí”, te pide que te vayas. Humillado, le haces caso.

  Actualmente, según el INEGI, México es uno de los países con más discriminación, y no por otros países, sino por sus mismos habitantes. Uno de los factores que más ocasiona la marginalización de las personas, es el tono de piel: el 55% de la población ha reconocido que insulta y desprecia a individuos con tonos de piel más oscuros, lo que también se relaciona con el trato laboral y social que se les da. El 38% de los mexicanos tratan diferente a la comunidad LGBTQ ya sea por miedo, asco o ignorancia. El 42% ha hecho sentir inferior a personas de bajos recursos y a indígenas.

  Siete de cada diez personas son discriminadas; las otras tres son individuos que buscan sentirse superiores y hacen resaltar su educación y dominio económico. “Esa enorme desigualdad es resultado, entre otras cosas, de la discriminación estructural”, subraya Eugenia Iturriaga, profesora de la UNAM. Este racismo se refleja en chistes o memes que hacemos pasar por desapercibidos. Fingimos que entre nosotros todo está bien, pero en cuanto otros países manifiestan su racismo diciéndonos cosas como criminales, frijoleros, violadores, problemáticos o indios, nos indignamos, pero ¿por qué está bien cuando nosotros nos lo decimos? ¿No es acaso con la misma intención?

  Queremos igualdad y respeto pero abucheamos a cualquiera que comience a tener éxito. Criticamos a los que no defienden nuestros principios, ignoramos a las personas que hablan una lengua indígena, humillamos a los que no tienen las mismas oportunidades económicas o sociales que nosotros podríamos tener, odiamos a los que defienden sus preferencias sexuales y todo porque al hacerlo nos sentimos con poder y menos mediocres. La verdad es, sin embargo, que lo somos por el simple hecho de no aceptar y respetar las decisiones y derechos de los demás.

  Necesitamos un cambio en donde aplaudamos nuestros distintos tonos de piel, en donde la inclusión sea algo normalizado y no un privilegio, en donde nos sintamos orgullosos por el éxito de los demás, en donde empecemos a ver por el bien común y no por los bienes comunes. Un cambio en donde digamos: “Soy mexicano y mi país es un chingón porque todos tenemos las mismas oportunidades”.

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