Conciencia derramada

Todo es política: Netflix y el caso Paulette

/por Tania Rivera/

 

En México todo es política…la política es el clima, el aire.

Rodolfo Usigli

 

Netflix descubrió recientemente que a los mexicanos, herederos de Marimar y La Rosa de Guadalupe, se les puede mantener entretenidos con series disfrazadas de telenovelas; muestra de ello son producciones como La Casa de las flores o Control Z. Si a esto le sumamos el humor fácil y los actores recurrentes de las comedias nacionales, tenemos como resultado Historia de un crimen: La búsqueda.

 

          Desde antes de su estreno la miniserie estaba causando expectativas en todos aquellos que ansiaban encontrar la respuesta a un misterio de hace diez años: la desaparición y muerte de Paulette Gebara. Grande fue su desilusión cuando se toparon con una serie enfocada en el “circo mediático” (curiosa formulación que repentinamente mucha gente utiliza) que envolvió a este caso. Al mismo tiempo surgieron personas que defendieron el tono cómico de la serie, como ocurrió en el Instagram de la actriz Regina Blandón, quien interpreta a la periodista Carolina Tello: “El toque de comedia es sólo un reflejo de cómo se manejó el caso desde el comienzo en aquel entonces, fue un circo. Es una sátira porque el manejo de las cosas, en su momento, fue un chiste, un insulto para todos”.

 

           Y sí, uno podría pensar eso cuando observamos la caricaturización de los involucrados en este caso: el padre de Paulette es un cornudo pusilánime, el procurador un payaso, Mancera un sex symbol y el dueño de la televisora un ambicioso que lucra con la muerte de una niña. No obstante, todas estas buena intenciones se desmoronan cuando observamos escenas tan ridículas e innecesarias como ver a la mejor amiga de Lizette (madre de Paulette) mandando nudes y teniendo sexo, o al procurador Bazbaz sintiéndose Clarice Starling de El silencio de los inocentes y citando al Hombre Araña.

 

          Rodolfo Usigli ya nos había dicho hace mucho tiempo que en México todo es política. Sabemos que en nuestro país la justicia no es ciega, más bien padece de vista cansada por ver la televisión, de la que aprende cómo aplicar las leyes; sabemos también que las víctimas jamás verán a los criminales tras las rejas si esto estorba los intereses de los poderosos. Sin embargo, con la serie se presentó una oportunidad de hacer una investigación exhaustiva que expusiera a los responsables y ayudara a la justicia miope en su camino entorpecido siempre por la enrevesada burocracia. Spoiler, fue una oportunidad desaprovechada.

 

         Lo único “bueno” que trajo es abrir nuevamente el debate sobre los niveles de corrupción e impunidad. En uno de los pocos momentos brillantes Tello dice “22 niñas se pierden todos los días en el Estado de México; se pierde una en Interlomas y todo mundo la busca”. Si una niña de familia acomodada en diez años no ha recibido la justicia que merecía, ¿qué nos espera a nosotros, sin influencias? Nosotros no apareceremos un día de forma accidental en nuestra cama. Lo más seguro es que nuestra familia nos busque por años y las autoridades, igual que los del caso Paulette, estarán más interesados en la boda del gobernador o el cumpleaños de alguno de sus hijos. No, en México no todo es “política”: es ineptitud, incapacidad, ambición, son los medios de entretenimiento que nos piden conformarnos con un chiste mal contado o contenidos más cercanos a La familia peluche que a una investigación real. Así somos los mexicanos y Netflix ha descubierto la mina de oro.

 

          A estas alturas habrán notado que no he hablado sobre el caso Paulette y eso se debe a que la Historia de un crimen: la búsqueda nunca lo hace. Más allá de unos nombres y la excelente recreación de los vestuarios y el cuarto de la niña, no hay mayor relación con el caso. Si bien esta serie no pretendía ser un documental, tampoco alcanza el nivel de “sátira” que estaba buscando; se conforma con una parodia mediocre, repleta de bromas fáciles y gente comiendo tacos en la calle porque, ya saben, es México. Lo único rescatable es que,  ya sea 2010 o 2020, la muerte de una niña de cuatro años sigue despertando el morbo de la población mexicana y manteniéndola frente a sus pantallas.

 

 

 

 

 

 

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