Temática: 8M
Carta Editorial
La corporalidad femenina tiene la capacidad de reinventar sus propios límites sensibles, pues posibilita un mar de experiencias llenas de sí, como un mapa que se traza y se altera en recuerdos, cicatrices y gestos. Conocerse corpórea puede significar el descubrimiento de nuevos horizontes deseantes, la contingencia de afectos atravesados por el dolor o, también, volver a relacionarse con el universo propio. Las escrituras que nacen del cuerpo se enfrentan a sentires a la vez tangibles, a la vez difusos, de manera que su elocuencia se sitúa en reconocerlos como parte esencial de sus mecanismos para rehabitar el mundo. Las obras que se arraigan en este número juegan con el concepto y la forma del cuerpo como espacio sensorial-social, lo retan, lo expanden, lo exploran.
Me percato que en estos textos se desdibuja el fantasma de una idea, de un ánimo turbado que va dejando rastro. Con estas escritoras leemos cuerpos deseantes, vulnerados, dolientes, miedosos, enojados; pero en ellos permea una vergüenza latente, entretejida. Annie Ernaux reconoce que “lo que formaba parte de nuestra existencia se convirtió en algo de lo que avergonzarse”, y parecería que en el cuerpo colisiona todo ello, que se materializa con el control que se ejerce en este. Las autoras de este nuevo número de Espora se trasladan a lo que está después de la vergüenza, sus escritos imaginan la posibilidad de revisitarla, de resignificarla y de apropiársela, para que funcione como potenciador y no como frontera.
–Karla Lucia Delgado, Lu; Editora en jefe