Conciencia derramada

Harmon y Bechdel: el feminismo en el cine

/por Tania Rivera/

 

La industria del entretenimiento –concretamente el cine– no es tonta y por ello en fechas recientes ha intentado limpiar la suciedad que tiene en la cara desde sus inicios; esto para congraciarse con los espectadores que aspiran a encontrar mayores niveles de representatividad: ya no basta con ver al héroe salvando el día, es necesario poblar el mundo con otro tipo de personajes. Por supuesto que, como todo, la situación anterior posee sus detractores, quienes juzgan que la corrección política mata al arte, asfixia al genio y obliga a la creación de películas y series vacías, pues lo importante es transmitir el mensaje de “inclusión”.  Por si esto fuera poco, también es observable un odio generalizado a ciertas producciones por juzgarlas “feministas” cuando hay en la pantalla una mujer como protagonista, sin embargo ¿de verdad puede calificarse una película o serie como “feminista” por tener una protagonista?

 

          Beth es una mujer extraordinaria y con este calificativo no me refiero a esas palabras falsamente optimistas de las galletas de la fortuna o una publicación en Facebook. Es “extraordinaria” porque es poco común, dotada por naturaleza y potenciada por fuerzas sobrehumanas. Beth es un genio que se obsesiona por el ajedrez, pero cuya mente prodigiosa podría realizar cualquier tarea y más si se encuentra bajo el efecto de las drogas y alcohol. El problema con este planteamiento es que vende la idea de que para triunfar contra el patriarcado necesitas ser excepcional: no es sólo el esfuerzo, existe una predisposición hacia el triunfo gracias al talento. Lo tienes o no lo tienes.

 

         La maestra del ajedrez no aspira a modificar las condiciones de sus pares –que por otra parte les resultan totalmente ajenas y pertenecientes a una esfera de frivolidad que ella no comprenden–, incluso Beth se sorprende cuando una de sus primeras contrincantes le comenta que la inspiró e insinúa que el triunfo es para todo el género femenino. Harmon hace sus proezas a título personal, motivada por desarrollar todo su potencial. No hay redes de apoyo ni se crean comunidades, pues todos alrededor –especialmente hombres– de la protagonista se enfocan en la realización de sus deseos, a colaborar a que ella brille ya que hay de por medio una fuerza exterior amenazante, que de nuevo, sólo Beth pueden derrotar.

 

         Entonces, ¿por qué proclaman esta serie como “feminista”? La explicación podemos encontrarla en el famoso Test de Bechdel, que se ha convertido en  la guía de Hollywood para la inclusión femenina. Este test es un método creado a partir del cómic de 1985 Unas lesbianas de cuidado de Alison Bechdel y ha sido utilizado para evaluar la brecha de género en las películas –y por extensión otras producciones artísticas—ya que estableció las reglas para hablar de representación mínima femenina: “ En una de las viñetas aparecen dos mujeres donde una le dice a la otra: ̔Yo sólo voy a ver una película si satisface tres requerimientos básicos. Uno, debe haber al menos dos mujeres en ella [Posteriormente se agregó que estos dos personajes tuvieran nombre] que, dos, hablen una con la otra sobre, tres, alguna cosa aparte de hombres̕” (De Almeida Daniel, pág. 26). 

 

         Ahora bien, la representación femenina y que ésta sea feminista son dos asuntos diferentes. Esto es más evidente si consideramos que entre 2018 y 2020 películas como Aquaman (2018), Jojo Rabbit (2019), Parásitos (2019) y Avengers: End game (2019) aprueban este test, aunque no tengan un planteamiento ni aborden problemáticas asociadas con el feminismo. Sin embargo, en de Gambito de dama es diferente, ya que es precisamente en los diálogos entre mujeres en donde se cuela el discurso “feminista”. Por ejemplo, Jolene recuerda a Beth –y a todos los espectadores—que estamos en la década de los sesenta y que la discriminación hacia las mujeres negras existe y hasta menciona que radicalización es el camino.

 

         No obstante, estos flashazos feministas no son suficientes porque no permean toda la historia. Ni siquiera hay realmente un acercamiento hacia el mundo femenino –más allá de los hermosos vestidos de Beth– del que procede la protagonista. Por si esto fuera poco,  la ajedrecista adopta cualidades “masculinas” que facilitan su ascenso hacia el éxito: es tosca, de pocas palabras, valiente, activa, empeñosa e independiente, sin embargo se asoman otras dos situaciones que entran en conflicto, tanto con feminidad como con su talento: la locura y el erotismo. 

 

         Respecto al primero, hay que tener en cuenta que  Walter Tewis, autor de la novela en que se basaron para hacer la serie, aseguró que es un “tributo a las mujeres inteligentes”. Es decir, si asumimos que las mujeres son inteligentes, por añadidura entran otros elementos asociables con ésta, como lo son la locura y el uso de sustancias. En el capítulo tres una reportera le comenta venenosamente a Beth que “la creatividad y la psicosis van de la mano”. Esta situación no es novedosa, en la mayoría de las historias de genios se observa que la línea entre el desequilibrio y la brillantez mental es muy difusa; y carecería de importancia si no fuera porque, por años, la locura ha sido una herramienta para anular la opinión de las mujeres. Pensemos por ejemplo en la madre de Harmon, doctora en matemáticas que simplemente “enloquece” –por qué nunca se aclara–. En ese sentido cabría preguntarse ¿Beth está “loca” porque es un genio o porque es mujer y la inestabilidad emocional está ligada con su género? 

 

         A lo anterior hay que sumar el erotismo, el cual empieza a aflorar junto con la curiosidad por el ajedrez. En la mayoría de los hombres jóvenes que rodean a Beth se percibe tensión sexual, la cual se soluciona al tener sexo –o no–, pero al resolverse dicha tensión se da paso al más puro paternalismo. Beth es más inteligente que los hombres alrededor, pero sigue siendo una mujer a la que hay que cuidar del mundo y de sí misma. Beltik la ayuda a no sucumbir ante el duelo; Benny la acerca a la vida monacal al entrenarla y mantenerla sobria y Townes es un amoroso hermano que la acompaña en lo más difícil de su travesía. Es decir, Harmon, ya sea por su juventud, inexperiencia o simplemente por su condición femenina no es capaz de sobrevivir sola y requiere ayuda de personas inferiores a ella, pero que poseen una característica que hace la diferencia: son hombres. 

 

         En suma y como ya se mencionó, la representación femenina y el discurso feminista son dos cuestiones diferentes. No basta con tener una protagonista mujer para darle el epítome de “feminista”.  A pesar de todo lo anterior, no puede negarse  que Gambito de dama es una producción que ha aportado a la visibilidad de las mujeres en la pantalla. No puede ignorarse, por ejemplo que gracias a Beth Harmon hay muchas más mujeres interesadas en jugar ajedrez y esto, evidentemente apoya a la ruptura de la brecha de género en todas las disciplinas; aunado a que el trabajo de Anya Taylor-Joy (Beth) en el cine hace notable que hay actrices talentosas en Hollywood que vale la pena observar. Hay que destacar que, aunque a los alarmistas y misóginos disfrazados de críticos de cine de Facebook les espante, es necesario ver más mujeres como protagonistas; pero no es sinónimo de un plan de dominación mundial de la agenda feminista, ni tampoco es determinante en el éxito o contenido estético de un film. 

 

           También hay que señalar que las ansias de incluir en las historias conceptos del “feminismo” –o esta masa falsamente uniforme que Hollywood ve–  tampoco se debe al desinterés incluyente de la industria del entretenimiento, ni tampoco corresponden con lo que realmente es este movimiento de mujeres. En el fondo, las películas feministas aún poseen rasgos que agradan al patriarcado, como señala la escritora Ana Clavel, Gambito de dama –y por extensión algunas otras producciones– “parece decirnos que si ese cerebro viene en un estuche hermoso, muchísimo mejor”. Seguimos viendo mujeres hermosas y excepcionales en el cine y aunque parece un avance ver siquiera mujeres que hacen otra cosa que ser el objeto de deseo masculino, aún queda mucho por hacer para algún día encontrarnos con las mujeres comunes que poblamos el mundo y que también tenemos historias que contar.

 

Imagen tomada de Internet.

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com).

Tags :#Ajedrez#Gambitodedama#HollywoodFeminismo

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