Número 39

Temática: libre

Carta Editorial

Los talleres de escritura, desde su peor lado, parecen el punto medio entre fábricas de escritores y cementerios de la inspiración. Muchos asisten esperando clases detalladas sobre cómo escribir, sólo para salir decepcionados al no recibir un manual, sino ejercicios y críticas; otros, de textos siempre aplaudidos, huyen ante los primeros comentarios negativos, mientras, los temerosos que jamás habían mostrado nada, reúnen el valor para leer en voz alta.

Vargas Llosa inicia su Cartas a un joven novelista hablando del miedo a pedir consejo sobre la escritura. Puede que no recibamos respuesta, se nos juzgue como malos autores o que la obra maestra sea desechada cual basura. Por más que se hable de lo necesarias que son la práctica y las retroalimentaciones, la idea de compartir un fragmento nuestro ante el resto, nos sitúa en una posición de vulnerabilidad aterradora. Vencer tal sensación, sin embargo, se trata de otro logro obtenible con el tiempo.

En este número de Espora se presentan algunos textos de dos talleres, donde los autores, además de superar el miedo inicial, trabajaron y comentaron sus obras con libertad, pues la escritura es una habilidad para desarrollar, no tanto para perfeccionar.

– Karin Adriana Jung Jiménez, Editora en jefe