Lego ergo sum

¿?¿?¿?¿?¿?

/por Rodrigo Lichtle/

 

Uno de los autores mexicanos más interesantes del siglo XX es Ulises Carrión. Aunque por un tiempo pasó desapercibido, debido a que la mayor parte de su carrera artística la desarrolló fuera del país, hoy en día no se le puede ignorar así como su obra El arte nuevo de hacer libros. Tras dejar México, tuvo una última pero importante aparición en la escena cultural mexicana tras publicarse en Plural (no. 20, mayo 1973) unas cartas con Octavio Paz acerca de algunos poemas de Carrión. La correspondencia parte de hablar estrictamente de la poesía remitida a una discusión sobre las estructuras que pone en el lenguaje y en los obras literarias (ya que algunos ejemplos dependen de géneros como la poesía) y la derivación de una de las teorías más importantes del momento, el estructuralismo. Mientras que Carrión plantea encontrar aquellas formas o estructuras que se utilizan para la escritura, haciendo de toda obra un grupo de palabras que sólo sigue ciertas normas, Paz pasa a defender al autor y su individualidad, la unicidad y la originalidad de la obra.

 

          Después de las cartas se encuentra una muestra de los poemas y otros textos de Carrión donde se puede ver esta identificación de los sistemas del lenguaje, de los géneros para después modificarlas o mostrarlas. Así, el autor destaca una de las características clave y la pone en movimiento. Juega con ellas e intenta cambiarlas constantemente hasta llevarlas a límites casi ridículos. El mejor ejemplo de esto es un poema que forma parte de un libro llamado Poesías. Tomando unos versos de “Coplas por la muerte de su padre”, de Jorge Marique, se hacen diferentes versiones utilizando sólo la puntuación. El primero deja intactos los signos de puntuación pero elimina las palabras, dejando una línea en su lugar. Para dejarlo más claro:

 

¿Qué se fizo el rey Don Juan?

Los infantes de Aragón,

¿qué se fizieron?

¿ ___________________________ ?

______________________ ,

¿ ________________ ?

 

          Este ejercicio, como se dijo antes, es mostrado en diferentes formas. Se modifica el poema para que después sólo en los últimos versos de cada estrofa haya signos de puntuación. En el siguiente texto todo verso tiene este signo. Al final, toda letra es un signo de interrogación:

 

¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?

¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?

¿?¿?¿?¿?¿?

 

          Esto nos lleva a Poesías, un libro compuesto puramente de estos juegos. Cabe subrayar que estos sistemas que Carrión plantea poner en movimiento están mucho más claros en este libro, ya que cada capítulo describe qué se va a destacar. Por ejemplo, los “Ritmos”, las “Rimas”, los “Estribillos”, e, incluso, la autoría con el capítulo sobre “Plagios”, donde el “Abecedario” es escrito por Ulises Carrión. En todos estos textos muestra reglas, por no llamarlas estructuras, que son primordiales para la poesía y, en algunos casos,  la escritura y el lenguaje en general. Desde la autoría hasta elementos formales que, aunque algunos pueden ya no tener tanto peso como en los versos que usa, muchos siguen empleándose. Parece ahora un ejercicio obvio pensar en las estructuras lingüísticas e incluso criticarlas y señalarlas. Pero creo que uno de los elementos que más destacan es que, en los años setentas, Carrión, con sus diferentes obras, demuestra cómo el lenguaje y los géneros literarios no pueden liberarse de muchas de sus fórmulas, sino que sólo pueden ser señaladas, tal vez modificadas e incluso puestas en este movimiento. Sin embargo, como muestra el autor, estas siguen siendo iguales a las que utilizó Jorge Manrique. 

 

          

 

 

 

Imagen tomada de Internet.

 

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