En la noche de los tiempos

“The festival”: H.P. Lovecraft y el origen del rito

/por Ernesto Moreno/

 

Cuando llega el invierno, es tiempo de que los crípticos ceremoniales se repitan, con otros nombres, con otros significados tal vez, pero, en el fondo, con la misma reverencia y temor. A fin de cuentas, están dirigidos a algo superior a nosotros, a algo más oscuro y arcano. Todo para intentar obtener, al menos, un destello de eso que impactó tanto al maestro de Providence, algo de ese horror remoto y lejano, algo de ese conocimiento ominoso que nos permitirá saber el origen del rito.

 

          El relato de H.P. Lovecfart “The festival” fue escrito en 1923 y dos años más tarde sería publicado en Weird Tales. Es éste un relato maravilloso en donde “el prisionero de Providence” muestra su gran conocimiento y manejo del complicado tema del paganismo. Situado en la ciudad “antigua” y ficticia de Kingsport, muy cerca de Arkham, el protagonista del relato regresa pues ha estado ahí muchas veces en sueños a esa extraña comunidad para tomar parte en el vetusto ceremonial que su gente celebra cada cien años, mismo que “se celebraba cuando aún no existían ni Belén ni Babilonia ni Menfis ni aún la propia humanidad”. 

 

          Lovecraft se inspiró en el pueblo costero de Marblehead Massachusetts en Nueva Inglaterra para crear Kingsport que, como sabemos, es Salem. Lovecraft visitó muchas veces esa región, por lo que no es extraño que Kingsport aparezca en algunos de sus relatos con temas marítimos, como “The Old terrible man” de 1921, “El caso de Charles Dexter Ward” de 1927 o “El horror de Dunwich” de 1929 aunque se cree que éste último lugar podría tratarse de Ipswich, más al norte. En una carta del mismo año, dirigida a Maurice W. Moe, Lovecraft le comenta sobre uno de sus muchos viajes a Salem y a Marblehead; entusiasmado, le escribe sobre el puerto: “Oh, Boy but maybe I wasn’t  glad to lamp those archaick realms again! Hadn’t seen ‘em for a year… Marblehead was… Marblehead! What the hell more could be ask´d?” 1

 

          Volviendo al relato, el protagonista nos informa que es el día de navidad, lo cual nos lleva a pensar en el solsticio de invierno: una etapa en la rotación del planeta en que el sol se encuentra más alejado de este; los días son más cortos, las noches más largas, oscuras y frías, para después volver a la normalidad. Este evento tiene que ver con los ciclos agrícolas y con los procesos reproductivos y ha sido interpretado a lo largo del mundo y de las épocas como una renovación, un renacimiento, como el triunfo del sol y la derrota de la penumbra (en la remota Babilonia, 2300 a.C., el Dios sol Marduk vencía a la oscuridad). Los distintos grupos humanos lo han abordado de diferentes maneras, pero un elemento permanece, el ceremonial. 

 

          “Ceremonia” proviene del latín clásico Caerimonia, que tiene que ver con la solemnidad, la veneración y la reverencia en los ritos religiosos. Ya desde el paleolítico la humanidad percibió que existían fuerzas incontrolables capaces de destruirles, y que debían ser tratadas con respeto, con temor. Pero ¿cómo congraciarse con esas fuerzas?, ¿cómo hacerles saber nuestro sometimiento irrestricto? La tradición griega nos cuenta, gracias a Hesíodo, su propia interpretación en el mito prometeico, en donde se engaña a los dioses a través de la ceremonia para darle ventaja a los desprotegidos hombres. 

 

          Fue entonces a través de ciertos ritos, de ceremonias, que la incipiente humanidad comenzó a llevar a cabo estas festividades para comunicarse con eso que estaba ahí mucho antes que ellos. Las pruebas de esos encuentros atroces se pierden en la noche de los tiempos. Sin embargo, esto nos lleva a preguntarnos ¿qué terribles pactos tuvieron que llevarse a cabo por la humanidad para no ser devorada?, ¿qué ominosos sacrificios fueron perpetrados por nuestros antepasados para saciar esa oscuridad? El invierno traía consigo la hambruna, el frío, la oscuridad, el miedo y lo que sea que haya obligado a las personas de la edad de piedra a levantar esas imponentes estructuras los trilitones de Stonehenge, Tarxien, Hagar Quim, Skorba y Newgrange son solo algunos ejemplos para venerarlos, para rendirles pleitesía, para contenerlos mientras pasaba el tiempo y nos hacíamos más fuertes. 

 

          Estos ceremoniales sufrirían muchos cambios y adaptaciones con el tiempo y la geografía. Y a medida que las distintas civilizaciones se fueron sometiendo a su entorno, la arrogancia de la humanidad crecería y el temor a esas fuerzas oscuras decaería hasta convertirse en simple superstición. Con el triunfo temporal de la ciencia y la ilustración, se plantearía, incluso, la posibilidad de terminar de una vez por todas con esos pactos antiguos, o de convertirlos en una fiesta lúdica que difícilmente contiene algún recóndito recordatorio de su terrible y original significado.

 

           Solo resta decir que una parte de la humanidad aún recuerda el pacto original, esos ceremoniales y lo que contienen, tanto sus beneficios como sus consecuencias. Siempre lo han hecho, y, por ello, estas personas han sido perseguidas, torturadas, prohibidas, soterradas, asesinadas. Ya desde tiempos de los griegos se buscaba acabar con esos ritos, en donde, para celebrar ese espantoso pacto primigenio, se dice que la festividad quedaba a cargo exclusivamente de las mujeres, en los bosques profundos se sacrificaba al toro o sería a un hombre para después ser consumido por las Ménades y por las Bacantes. Para que renaciera Dionisio, se ofrendaba un bebé y después… lo siento, ese es otro tema, aquél de los principios del temible aquelarre, y la noche está por marcar la una de la mañana, no son estos horarios sensatos para seguir tocando temas heresiáticos.

 

 

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  1. “Chico ¿Pero tal vez no estaba yo contento de iluminar esos arcaicos reinos otra vez? Marblehead fue… Marblehead! ¿Qué diablos más se puede pedir?” Traducción propia.

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