ArbotantesHelarte de vivir

Teoría y praxis

/ por Beatricia Braque/

 
 

Recuerdo que un día iba tarde al kinder, estaba lloviendo. Mi madre me dijo que no pisara los charcos, cosa que decidí ignorar. Iba bajando las escaleras, haciendo ruiditos en el pasamano y entonces lo vi. Algo se movía en el piso. Al irme acercando lo pude apreciar cada vez con más claridad. Tenía un brillo que no pude reconocer fácilmente. Al principio pensé que podría ser una moneda o un botón; pero no, esto se movía y brincaba, aunque cada vez menos. Me detuve frente a él. Era un pez dorado, ahí, en medio del patio de mi escuela, ahogándose mientras caía la lluvia. Juro que lo vi. Fue lo primero que vi morir. Lo vi brincar con sus aletas y lo vi dejar de hacerlo. Se lo conté a mi único amigo. Me creyó.

   Dado que apareció misteriosamente un pez dorado en medio del patio de mi escuela, se me ocurrió una teoría bastante interesante del porqué de este extraño incidente. Las nubes, pensé, están hechas de un material parecido al algodón. Algunas noches las nubes bajan al mar y absorben agua para después hacer que llueva. Quizá en ese proceso en el que las nubes bajaron a beber agua se había colado el pez dorado. Le conté mi teoría al mismo amigo. Me creyó.

   Me sentí tan extraña cuando tiempo después nos explicaron el ciclo del agua… No hay ninguna explicación que justifique lo que vi.

   No fue esta la única teoría extraña que inventé. Recuerdo haberle explicado a uno de mis primos que el sexo era un proceso parecido a la polinización. Ya que había descubierto, no recuerdo por qué medio, que tanto los hombres como las mujeres tenían vellos púbicos (y además llegué a ver en aquel tiempo una cantidad sustanciosa de documentales de National Geographic) se me ocurrió que entonces un hombre se acostaba desnudo con una mujer, y por el frotamiento de dichos vellos el hombre polinizaba a la mujer como una especie de abeja. El día en que me explicaron cómo funcionaba realmente aquello, sentí asco, sentí que era demasiado violento, sentí que aquello era grotesco y tuve miedo porque me di cuenta que era la única que manifestó tal repudio.

   Algunas veces recuerdo aquel pez dorado, quizá algo trataba de advertirme.

 

FB: Beatricia Braque

Twitter: @beatricista

 

 

 

*Foto tomada de internet. Todos los créditos correspondientes a la imagen que encabeza el texto.

 

 

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