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Héroe y mito: la lucha libre mexicana

/por Balamky/

 

La lucha está inmersa en cada cultura que se ha desarrollado en el planeta, desde los griegos hasta los mesoamericanos, por ejemplo en los juegos olímpicos o en prácticas para el combate. Encontramos así que la lucha de Francia llega a México durante la Intervención Francesa y hasta 1863 aparece Enrique Ugartechea como el primer luchador mexicano, creando las bases de lo que sería “la lucha libre en México”. Esta destaca de otras formas de combate al mostrar autenticidad en la máscara, en la personalidad y en las técnicas que se realizan en el cuadrilátero, por lo que llama la atención al ser tan extravagante y tan apasionante con su identidad. 

 

          Es con el paso del tiempo y diferentes personajes en la historia que la lucha libre mexicana adquiere su propio folclor, con estilos que se mezclaban con otras culturas, haciéndose popular poco a poco en la sociedad. Las primeras leyendas surgen en los años 50, como el Santo, el Blue Demon o el Rayo de Jalisco, incursionando en cinematografías nacionales. 

 

          El mito del luchador como el “Santo”, quien es considerado una leyenda de lucha libre mexicana dentro de las películas, en donde peleaba con vampiros, lobos, monstruos, etc, permitió que el mexicano lo asociara con un salvador. Lo anterior se podía trasladar de un medio a otro: la lucha libre, historieta y cine, logrando romper con la idea de lo ficticio al poder tocar a la leyenda como lo era “El santo”, logrando traspasar el mito para llegar a la realidad.

 

           La cultura de la lucha libre mexicana es una forma de expresión popular, el cual va ampliando su difusión a todas las clases sociales. Sin embargo, aún existen varios estigmas sobre esta y quienes la consumen, sin importar que hoy en día constituya una señal más de la identidad de lo mexicano. 

 

          En este caso, la lucha libre en México juega el papel de propaganda, el cual es reformulado para la aceptación de un público que no sea residente u originario de este país, para la élite, etc. Todo esto se hacía mediante las artes visuales, con un concepto sencillo y hasta un poco poético al enaltecer la belleza o el romanticismo de la máscara, que lleva a la pasión y el misterio en la arena.  Esto con el fin de reforzar la identidad, la cultura, las tradiciones y los estereotipos que se envuelven en la lucha libre y en sus consumidores.

 

          Así que la lucha libre, al ser una expresión artística por la representación que utiliza en los trajes, performance, máscara, etc., cuenta con un segundo lenguaje, el cual es intencionado para reforzar determinados fines políticos o de la élite, por ejemplo: la “Exposición de artes populares mexicanas”, la cual fue utilizada por el presidente con el propósito de mostrar el evidente desarrollo del país, y cuyo motivo del mismo fue buscar alianzas en el extranjero a través de la exhibición. Desde entonces se usa este modelo como perfil para las siguientes exposiciones de arte provenientes de México, las cuales tenían la finalidad de llegar al extranjero y mostrar la cultura del mexicano. Entonces, con más accesibilidad, existe un mayor grupo de personas que pueden ser parte del arte, objeto, mito y/o personaje, así como mayores puntos de vista, por ejemplo el caso de la lucha libre en México, donde se dividen las opiniones, creencias, e ídolos.

 

          Los productos que vemos de la lucha libre adoctrinan el pensamiento del luchador como héroe y mito: una leyenda que cobra vida con cada pelea en el cuadrilátero, que cumple su papel como reforzador de la identidad mexicana. Pero, como en todo, no puede existir un discurso que se acople a todas las personas, ya que la sociedad es muy diversa, y da como resultado contra-discursos que buscan cambiar los pensamientos “tradicionales”.

 

          Esta realidad de la que hablamos fija signos, los cuales refuerzan un pensamiento con un fin político y económico, siendo este el mostrar la grandeza de la cultura popular mexicana ante los ojos del mundo. Sin embargo, no se contemplaron todos los aspectos de esta cultura (las groserías, la porra ruda y violenta, la misoginia con la modelos, etc), porque nunca se pudo tolerar dicha presencia de la lucha dentro de algunos sectores socioculturales de la población, ya que a fin de cuentas no podemos hablar de gusto en forma generalizada.

 

 

 

 

 

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