ArbotantesLego ergo sum

Del voto al feminicidio

/ por Rodrigo Lichtle/

 
 

Como hombre, siempre me he querido considerar feminista. Creo que, tras tantos años de historia, podemos estar cerca de alcanzar una igualdad social. No es que sea feminista en un sentido extremista, pero cada persona debería tener las mismas oportunidades, mismos tratos, mismos temores, mismos calificativos, misma justicia; en fin, igualdad. Pero el feminismo no sólo es importante en el sentido de igualar a la mujer con el hombre, sino que abrió la posibilidad para que minorías puedan también buscar equidad.

   Existen diversas obras que representan las luchas de grupos “oprimidos” por ser tratados de igual manera. Pero el ejemplo que me viene a la mente es Pasaban en silencio nuestros dioses, de Héctor Manjarrez. Recuerdo varias frases e ideas que plantean la evolución de la Ciudad de México a través de problemas políticos. Desde unos policías en el antro, hasta los amigos políticos de Lucas, llegando a la idea de una Mariana feminista pero, a la vez, aparentemente hipócrita.

   Tendríamos que imaginar a un grupo de hombres que, a falta de relaciones estables, se ven obligados a juntarse con otros hombres para hablar de sus sentimientos (así como ellos imaginan que las mujeres lo hacen). En un caso describen las primeras veces que tuvieron relaciones sexuales, donde los personajes dudan por qué una fantasía de esta “primera vez” es superior a la realidad; así como intentan diferenciar la forma en la que asimilan la verdad hombres y mujeres. Ante todo, me parece importante resaltar la siguiente frase:

   “Llenos de desprecio por la conciencia masculina que sólo se interesa en el poder, tanto tú [Lucas] como Pedro (y Pablo y Néstor y Carlos y Darío y demás) buscaban relaciones ideales —egalitarias, fraternas, lúcidas, qué sé yo qué más— con las mujeres… pero esas relaciones eran imposibles en aquellos momentos. La historia tejía sus hilos en otros rincones.”

   Por desgracia me cuesta creer que ese momento haya llegado. Varias de mis columnas han intentado mantenerse ajenas al contexto actual. Pero uno no puede ignorar el aumento de feminicidios en México, ni la misma cultura mexicana (y tal vez occidental) que marca claras diferencias entre ambos sexos.

   Mientras hay hombres que se sienten con el derecho de poder abusar de una mujer, el número de feminicidios se vuelve alarmante, así como la cantidad de violaciones y la creciente violencia hacia la mujer (sin olvidar que no son las únicas violentadas, pero sí las más). Rescato a Simone de Beauvoir con dos frases que se complementan:

   “Yes, women in general are today inferior to men; that is, their situation provides them with fewer possibilities: the question is whether this state of affairs must be perpetuated.”

   “One is not born a genius, one becomes a genius; and the feminine situation has up to the present rendered this becoming practically impossible.”

   Supongo que la pregunta no es sólo cómo poder transformar a un estado que crea claras divisiones de género a través de situaciones políticas, económicas y sociales, sino que también uno debe considerar la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto se encuentra arraigada en nuestra sociedad esta división que aparenta ser un determinante de nuestra cultura?

   Junto con esto me viene a la mente Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit, quien escribió:

   “El nombre de ella era África. El de él, Francia. Él la colonizó, la explotó, la silenció e incluso décadas después, cuando se suponía que todo eso había acabado, aún decidió actuar arrogantemente y solucionar aquellos asuntos que le competían a ella en lugares como Costa de Marfil, nombre que no era el suyo propio, sino uno que otros le habían dado nombrándola por los productos que ella exportaba y no en honor a su propia identidad.
Su nombre era Asia. El de él, Europa. Su nombre era silencio, el de él era poder. Su nombre era pobreza. El nombre de él, riqueza. El nombre de ella era De Ella, pero ¿qué era suyo?”

   ¿Acaso toda la cultura occidental se encuentra basada en un estado machista y opresivo? La otra gran comparación que hace Solnit es ver el FMI y el sistema económico global de la misma forma. En este caso, se podría ver a los feminicidios actuales como sólo un derivado y, tal vez, un inevitable efecto de nuestro sistema cultural. Lo más triste es pensar que nuestro contexto actual es el sitio donde los feminicidios han aumentado hasta ocupar uno de los problemas más importantes, incluso nacionalmente.

   Si continuamos en una sociedad que da prioridad a los rasgos físicos sobre muchos otros valores y que ve a la mujer como un objeto, claramente no vamos a poder avanzar y se mantendrá esta limitante. Un mundo donde la mujer no puede tener las mismas oportunidades, donde los estereotipos y prejuicios son una regla a seguir. Mientras estén, de cierta forma, oprimidas y exista esa guerra entre géneros (y minorías) en búsqueda de la igualdad, éstas se verán afectadas e inferiores. Aparte de que sólo la libertad puede conseguirse en el caso de que las personas tengan igualdad general, todos tendrán la oportunidad de sobresalir de la misma manera si existe equidad. Pero, ¿cómo poder lograr el cambio? Se deben tomar en serio estos problemas, puesto que suelen ser considerados como ajenos a los estudios de género, ya que, como se puede ver en Solnit, están presentes, afectan y violentan. Obviamente ha habido un avance, pero mucho de esto se ha logrado a través de movimientos, revoluciones y protestas. Pareciera que sólo con un cambio de base político-cultural la sociedad podría permitirse considerar la equidad o igualdad. Tal vez sea una utopía pero, así como la conciencia social fue creada, puede ser modificada.

   Posdata: Me es imposible, como hombre (sin temer a salir de noche, a caminar solo o a recibir miradas, gritos callejeros y, en fin, a ser tratado como un objeto), poder imaginar el miedo y la preocupación que varias mujeres deben de sentir en este momento en nuestro país, así como en mi estado y ciudad, Puebla. No quiero llamar la atención utilizando un tema que nos debería preocupar y alarmar a todos y cada uno de los 127 millones de habitantes mexicanos. Esta columna se escribe gracias a un contexto de violencia y aprovechamiento de un género sobre otro, en el que los feminicidios se hacen frecuentes y, cada vez más, la población se da cuenta de que la situación no puede seguir así. Tan sólo en el arte se observa cómo los mexicanos (aunque especialmente las mexicanas) intentan levantarse y decir,“no más a este abuso y violencia”. Parece que lo único que nos queda es buscar la paz y justicia en nuestro país. Será hasta que las noticias más recurrentes dejen de ser sobre feminicidios y violencia de género, cuando podamos decir que nuestro país ha avanzado.

 

 

*Foto tomada de internet. Todos los créditos correspondientes a la imagen que encabeza el texto.

 

 

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