ArbotantesLego ergo sum

Del amor al deseo

/ por Rodrigo Lichtle/

 
 

Son pocas las películas que he visto de Stanley Kubrick, entre las que están: The shining, 2001: Space Odyssey, y hace poco Eyes Wide Shut. Probablemente Ricardo Alcántara en Persistencia retiniana sería el indicado para hablar de cine, pero la última de las tres películas me interesó bastante en su forma de ver el amor y su relación con el deseo.

   En resumen, el film se enfoca en una pareja que está pasando por un tiempo difícil. En un principio, ambos se notan cansados de su relación y por esto mismo, en la fiesta de un amigo de Bill (el esposo), los dos se ven con la posibilidad de engañar a su conyugue. Después de esto, Alice menciona lo cerca que ambos estuvieron de engañarse, entonces surge el tema de una fantasía sexual que tuvo ella hace unos años, donde estuvo dispuesta a dejar a Bill y todo su futuro con él, por una noche con un capitán de marina. Con la impresión de que tal vez su esposa no lo amaba como esperaba, Bill recibe una llamada de la muerte de un paciente. Obligado a irse, él comienza un viaje más que nada sexual, con constantes oportunidades de engañar a su esposa y de entrar cada vez más en el mundo de la lujuria. A lo último que llega es a una fiesta erótica de disfraces, que resulta ser mucho más de lo que Bill puede esperar e incluso compromete su vida y la de su familia. La siguiente parte de la película es el intento del protagonista por reconstruir lo que sucedió aquella noche y entender cómo llegó hasta ese extremo.

   Uno de los temas más obvios y que puede ser resaltado en la película es la idea de personas en un entorno enfocado o dirigido al placer y al deseo. Kubrick, como en la mayoría de sus proyectos, nos presenta un mundo en el que el espectador puede entrar. Considerando esto, en Eyes Wide Shut, uno ve la falta de algo más que no sea sólo deseo. En primera estancia, la relación matrimonial de Alice y Bill se encuentra en un punto problemático. Durante la fiesta navideña del amigo de Bill, ambos se ven seducidos para llegar “where the rainbow ends” (como le dirían las dos modelos a Bill), el punto donde sólo importa el placer personal, especialmente sexual. Aunque a lo máximo que llegan los personajes es ser espectadores de esto, mas no cómplices. Si consideramos todo el viaje de Bill, lo más cercano donde termina el arcoíris sería la fiesta erótica a la que asiste. Empero, él de manera constante pierde sus oportunidades, y sólo queda como un espectador de ese punto que desea y, al mismo tiempo, teme alcanzar.

   Otra cercanía que tiene la pareja al final del arcoíris es la fantasía sexual de Alice. Ya teniendo un futuro con Bill, en un hotel se encuentra con un capitán de marina. En la película explica que, con solo una mirada, ella quedó paralizada e imaginó que sería capaz de dejarlo todo por una noche con ese hombre. La idea del arcoíris es una forma de simbolizar el mundo en el que estamos, incluso en el sentido de nuestra identidad y nuestra personalidad. Retomo de nuevo la fiesta erótica a la que Bill asiste. Una de sus principales características es que el individuo, la identidad y la personalidad de cada uno de los integrantes no importa. Los invitados poseen máscaras olvidándose de quiénes son y ocultando su persona de los otros. En esa fiesta, todos son nadie. La idea del arcoíris también se puede observar físicamente en la película; desde la frase ya mencionada, como los árboles navideños, hasta la tienda de disfraces llamada Rainbow. Pero en la fiesta erótica, esos colores ya no están.

   Junto con esto, es difícil que tanto la fiesta como el día siguiente no recuerden a uno al mundo al revés del carnaval. Como en la fiesta erótica, el carnaval medieval era un momento del año donde cualquier persona podía olvidarse de su identidad y comportarse como el deseara (incluso en Venecia se usaban máscaras como en esta fiesta). En la película, el viaje es para Bill el encuentro con este mundo volteado o contrario al que conoce y está acostumbrado. Pero de la misma manera, al siguiente día nada de lo que representaba aquella noche seguía igual, como si toda esa aventura hubiera desaparecido tras regresar al arcoíris. De esta forma la película tiene también un tono alucinógeno o de ensueño.

   Creo que hay múltiples ejemplos del deseo en los diálogos que representan el mundo de Eyes Wide Shut . No obstante, me parece es el final el que marca esto en mayor medida:

“Alice Harford: The important thing is: we are both awake now, and for a long time to come.
Dr. Bill Harford: Forever?
Alice Harford: Forever? Hum…
Dr. Bill Harford: Forever!
Alice Harford: Hum… Let’s not use that word. It frightens me. But I do love you. And, you
know, there’s something very important that I’m willing to do as soon as possible.
Dr. Bill Harford: What’s that?
Alice Harford: Fuck.”

   Esta conversación no es romántica, ni siquiera esperanzadora para una pareja que acaba de saber que ambos tuvieron aventuras sexuales (como simples fantasías o reales). El que ellos estén despiertos también se puede tomar como que los dos sepan quiénes son, tienen su identidad presente y se encuentran de nuevo dentro del arcoíris o el mundo ordinario. Pero la solución a la que Alice llega, a mi parecer, sólo reafirma la existencia de aquello que ambos ocultan. Tal vez lo que buscan ya no tenga que ver con el exterior, pero sí parece ser una respuesta más dirigida al mundo que Bill visita esa noche, a sólo el deseo. A un mundo donde todo se pierde, hasta el quién es. Aparte de que uno nota en los personajes actuaciones con cansancio, con lentitud y con monotonía. No obstante, se termina con una palabra, rápidamente pronunciada, pero con el mismo hostigamiento y cansancio en ambos.

   Tras ver ejemplos que podían presentar esta misma idea, sólo me llegaron a la mente textos de Héctor Manjarrez, en específico el cuento “Amor”. Así como el film, este texto está conformado por distintos episodios donde el protagonista se enfrenta entre seguir pensando en la mujer amada o sólo pensar en su placer. El cuento se conforma de diversas historias pequeñas, todos sobre un mismo protagonista. En estos micro-relatos que conforman el cuento uno puede resaltar un mundo muy parecido al que Bill vive en sus aventuras. El protagonista tiene diferentes oportunidades para amar o sólo para desear, pero es raro que se completen. Asimismo, siente culpa por Mujer amada, justo como Bill la siente por Alice.

   No puedo evitar pensar en la escena de la tienda de disfraces de la película donde dos empresarios mayores están con la joven hija del dueño, quien los sedujo y llevó ahí; así como en el cuento de Manjarrez donde entra una niña por la ventana para seducir a un adulto. Es difícil no comparar cuando Bill se besa con la hija de su difunto paciente, a cuando el protagonista de “Amor” se besa con Botas Azules. Empero, lo único cercano a la fiesta erótica a la que Bill asiste, sería la última parte con la mujer que entra al bar y enseña las fotografías, presentando de igual forma el mundo exterior y ajeno, tal vez el final de arcoíris; pero, al mismo tiempo, la ciudad en la que ambos viven. Desde “[u]na mujer en un cuadrado de plástico que se masturba ante dieciocho personas de ambos sexos, un negro y blancos los demás, todos con aspecto de clase media…” hasta el peligro donde “cuatro policías con garrotes encajonan a un adolescente sentado en el suelo que suplica que no lo madreen demasiado”. Gran parte de las escenas de la fiesta son de Bill contemplando a otros, como pasa con la fotografía donde ellos la ven, donde el fotógrafo también es sólo espectador. Asimismo, al día siguiente Bill y su familia parecen estar en riesgo al igual que ese adolescente o que otros personajes de “Amor”.

   Parece ser que la moral es la culpa que muchas veces evita que caigamos en ese final del arcoíris, en donde sólo nuestros deseos importan, y se encuentran nuestras fantasías. Tal vez un lugar en el que sucesos pueden pasar a sólo recuerdos borros, sueños prohibidos y que intentamos olvidar ya que no son parte de nuestra identidad; donde uno puede hacer lo que no debería.

   Si nadie nos conociera, si llegara una persona desconocida, o si usáramos una máscara ocultando nuestro rostro, ¿qué seríamos capaces de hacer o no hacer? Si lo que deseamos es diferente a lo que aparentamos, ocultando quienes somos, ¿haríamos sólo lo que deseamos, viviríamos sólo al final del arcoíris?

 

 

 

*Foto tomada de internet. Todos los créditos correspondientes a la imagen que encabeza el texto.

 

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com)