Número 28

Carta Editorial

Ante toda pretensión de existir como unidades en abandono, recordar que se escribe en un diálogo contradictorio, atemporal, ruidoso, difuso. Con las voces desde este número he aprendido a leer. He aprendido a su vez, no a decirme, sino a decirnos mano a mano, pluma a pluma. 

Compartimos apenas unas cuantas palabras pescadas de otras voces en las que no sabemos y que nos han ayudado a sabernos, a sentirnos. Nuestro mito el diálogo, nuestro rito escucharnos. Cuando se agoten esas palabras, habrá otras.

No tenemos en común, hemos hecho y sentido en común. Entre naturalezas muertas, muertes; en los intersticios espaciales y temporales; debajo del ruido y sobre toda amenaza de silencio, seguimos conversando.

En conjunto hemos dado sentido a un pasado e intentado entender este día. El espacio de la carta editorial ahora será compartido entre tres mujeres con quienes he sentido y leído. Seguiremos haciendo comunidad. Tan importantes como la página: el aula, la mesa, las tazas, nuestras pantallas. Tendremos aún esas conversaciones sin tiempo en las que somos.

– Verónica Meneses, Jefa editora