Carta Editorial
Ante toda pretensión de existir como unidades en abandono, recordar que se escribe en un diálogo contradictorio, atemporal, ruidoso, difuso. Con las voces desde este número he aprendido a leer. He aprendido a su vez, no a decirme, sino a decirnos mano a mano, pluma a pluma.
Compartimos apenas unas cuantas palabras pescadas de otras voces en las que no sabemos y que nos han ayudado a sabernos, a sentirnos. Nuestro mito el diálogo, nuestro rito escucharnos. Cuando se agoten esas palabras, habrá otras.
No tenemos en común, hemos hecho y sentido en común. Entre naturalezas muertas, muertes; en los intersticios espaciales y temporales; debajo del ruido y sobre toda amenaza de silencio, seguimos conversando.
En conjunto hemos dado sentido a un pasado e intentado entender este día. El espacio de la carta editorial ahora será compartido entre tres mujeres con quienes he sentido y leído. Seguiremos haciendo comunidad. Tan importantes como la página: el aula, la mesa, las tazas, nuestras pantallas. Tendremos aún esas conversaciones sin tiempo en las que somos.
– Verónica Meneses, Jefa editora