El heraldo de la lechuza

La borra de la que estamos hechos

/por Sofía León/

A ti, mamá:

          En esta tarde de octubre me siento a escribir y contemplar los signos del hermoso otoño. Te redacto esta carta en la posteridad de tu trascendencia.

 

          El aire de esta época y el olor a carbón de las calles me hacen recordar tantas cosas vividas contigo: tus palabras, tus frases, tu dedicación… el sonido de la máquina de coser para hacer peluches y venderlos en épocas navideñas. Esos muñecos que se veían en los aparadores de las farmacias y que estaban hechos de borra; es verdad cuando digo que cualquiera de nosotros hubiera sufrido un gran golpe si jugábamos almohadazos con ellos. Sí, eran los impactos de tiempos de antaño. Aquellos momentos eran tan ásperos como la borra y tan desagradables como el cosquilleo que causaba tocar el juguete con los dedos. Más si éramos mujeres y todavía peor si nos atrevíamos a serlo solas, sin el apoyo de un hombre, como tanto se estilaba en décadas pasadas.

 

          Mis recuerdos retumban tan fuerte como el golpeteo de los peluches. Cierro mis ojos y escucho cómo me contabas de mi papá y su temprana muerte, lo cual hizo que nos uniéramos y tuviéramos que salir adelante. Tanto tú como mi tía fueron los pilares de la casa, aun cuando las críticas y el descrédito de la gente eran lo único que podían cosechar. ¿El motivo? Nuestro género.

 

        Las vivencias anteriores se intensifican cuando observo a mi alrededor levantamientos de féminas luchando por su dignidad, por su vida o la de sus hijas y no me queda más que agradecer que me hayas llenado de esa dignidad, de la oportunidad de aprender y de desaprender cosas. Dada esta situación no voy a negar que también he sufrido mis crisis, por una parte fuiste educada en un ambiente sumiso, y por eso parte de tu filosofía se basaba en frases como: “El único momento en que la mujer manda es cuando se es novia” o “la novia del estudiante no llega a ser la esposa del profesionista” pero también me enseñaste a caminar firme y con dignidad. Todo eso fue un estruendo en mi cabeza y me conflictuó por muchos años, hasta que descubrí que yo también podía elegir en qué creer y en qué no. El relleno con el que he seleccionado vivir está formado por el cúmulo de experiencias y escenarios que he tenido en mi existencia.

 

        Al pasar los años, me veo en el espejo con una borra auténtica, como la que cada humano exhibe: algunas partes, frescas; otras, húmedas y enmohecidas. Sin embargo, al final del camino, es mía y de nadie más.

 

        En momentos coyunturales como los que estamos viviendo, tu legado ha sido forjarnos la posibilidad de un futuro para entonces poder cambiar nuestras realidades. Cada puntada de hilo que recibían esos muñecos era un destello de esperanza de un porvenir mejor para nosotras, pero principalmente, como seres humanos que buscan luchar día tras día para realizar estas ilusiones a través del esfuerzo y el sacrificio.

 

        Sigue tranquila tu camino, lleva en tu alforja la mejor de las borras, porque fuiste un ser humano consciente de lo que el amor y la entereza pueden hacer. Gracias por todo, por lo bueno y lo no tan bueno.

   

Te quiere y te extraña:

Sofy

 

 

Imagen tomada de Internet. 

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com).

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