El heraldo de la lechuza

¡Gracias, 2020!

/por Sofía León/

 

Uno, dos, tres, cuatro y así hasta las 12 uvas. El comedor esta vez es grande; lo veo más espacioso que de costumbre. ¡Claro!, somos menos. Fuimos convocados solamente los indispensables, gracias a… bueno, creo que ya es sabido.  Mientras voy contando los lugares donde nos sentaremos a convivir voy haciendo un recuento de mi año, así como imagino y visualizo el de cada quien. No obstante, tal y como en su momento lo dijo Laura Esquivel, “sólo las ollas saben los hervores de su caldo”1. No es posible juzgar las conductas de todos por igual debido a que cada quién ha tenido que vivir esta temporada de forma distinta: algunos encerrados, otros con necesidad de salir a trabajar, por mencionar solamente dos casos.

 

          En la cocina ya huele el asado y empezamos a llevar todo lo necesario a la mesa: los cubiertos finos, las servilletas bordadas, los platos con las iniciales de la familia, las copas, la comida y… ¡ah!… por supuesto, el vino espumoso. Creo que tengo la rara costumbre de sumergir las uvas en el vino y brindar con ellas dentro de la copa. Este año no pediré deseos: dejaré que la vida me sorprenda minuto a minuto, tal y como sucede con la caja de chocolates de Forrest Gump 2.

 

          Terminamos de cenar, llega el momento de recibir al próximo año y despedir… ¿a uno más?, ¿acaso puedo sentir lo mismo que cuando despedí al 2002 o al 2016? No, ésta no es cualquier víspera. Con cada fruto de la vida que burbujea al sumergirse en la bebida, recuerdo una enseñanza de este ciclo que termina. Me queda claro que cuando nos encerramos en marzo jamás pensamos que íbamos a terminar siendo lo que somos ahora.

 

          Al hacer un repaso de lo que ha quedado en mi conciencia, veo que en esta época he aprendido a valorar la libertad, el hecho de extrañar a la familia, a encontrarme con facetas mías que no conocía y que se mantenían ocultas; a analizar el gran poder que los medios de comunicación ejercen sobre nosotros y que, desde “La Guerra de los Mundos” de la transmisión de radio de Orson Welles hasta  la fecha, seguimos siendo los mismos objetos de estudio para sociólogos, comunicólogos, publicistas, fabricantes de papel higiénico, etc., ya que, tal y como lo comenta Marilyn Manson en una entrevista con Michael Moore 3, vivimos en la cultura del consumismo impulsado por el terror y, en estos momentos, el miedo mueve gran parte de nuestras vidas y nuestras decisiones.

 

         Encontré también lo fácil que es hacernos cambiar de opinión solamente porque un líder o un político se empeñe en ello; vi la actuación de las noticias de dudosa procedencia y la confusión que tenemos al momento de escoger entre el alarmismo y lo realmente comprobable y verificable; conocí más a las personas que rodean mi entorno, qué sienten y cómo actúan en situaciones de crisis; pero, sobre todo, he valorado lo que es tener un techo, comida y el cariño de la gente que tengo cerca.

 

          Aún queda mucho por reflexionar: debo admitir que este tiempo no ha sido suficiente para vislumbrar todo lo que ha pasado en los últimos meses. Mi meditación sobre este tema será larga y tendida; probablemente pasen meses o años y seguiré en el análisis profundo de este hecho.

 

         Conforme voy siguiendo la tradición con cada campanada, también me doy cuenta de la adaptación que tenemos como seres humanos a las nuevas formas de comunicación y expresión, a través de nuevos canales que modifican nuestro mensaje. Es así como me percato de que 2020 ha sido el año de la comunicación y la expresión para muchos de nosotros… Aun en la distancia.

 

         Finalmente, ha muerto el 2020 en el reloj: un año que vale la pena valorar por el gran aprendizaje que nos ha dejado como humanidad, un momento que ha dejado huella profunda en todos nosotros, que nos enseñó a apreciar lo que menos tomamos en cuenta a pesar de ser  lo más importante: la vida ¡Gracias, 2020!

 

Imagen tomada de Internet.

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com).

 

  1. ESQUIVEL, Laura, (1989) Como Agua para Chocolate, Debolsillo: México.
  2. Forest Gump (Película, 1994).
  3. MOORE, Michael, Masacre en Columbine, 2002.

Tags :#2020#2021

You might also like

disqus comment