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ArbotantesPersistencia retiniana

“Sí… pero no”

/ por Ricardo Alcántara/

 

Cuando vi el póster de Me llamo Nojoon, inmediatamente noté que era la típica película árabe que en Occidente se trata de vender como un producto de mayor calidad artística –aunque menor valor comercial– que se exhibe en las salas de arte y en los pequeños cines independientes bajo la idea de que únicamente por ser extranjera se convierte en un producto exclusivo para la gente culta; y los intelectualoides suelen hacer un gran escándalo cuando se trata de algo así. Más aún si el discurso de la película incluye un mensaje político y social. En este caso, se trata de una crítica a las nada flexibles tradiciones del Medio Oriente; en particular a aquellas relacionadas con el trato a las mujeres y el papel que han estado obligadas a desempeñar desde hace cientos de años.

 La película dirigida por Khadija Al-Salami, protagonizada por Reham Mohammed, basada en la historia real de Nujood Ali –cuyo divorcio en Yemen fue el primero en su tipo y la convirtió la “Mujer del año” según la revista Glamour– se estrenó en 2014 pero llegó a los cines en México hasta hace algunas semanas, y a lo largo de sus giras ha logrado algunas menciones en los festivales de Vancuver y San Sebastián.

     El problema con esta cinta, es que a pesar de que el discurso es sumamente pertinente y relevante, la realización deja mucho que desear. Empezando por el hecho de que su guión es demasiado plano; su trama habla sobre una niña de diez años, cuyos padres la obligaron a cumplir con las actividades propias de una mujer adulta, madre de familia y ama de casa casándola con el hombre que la golpeó y violó durante su noche de bodas. Así que Nojoon, tras buscar en vano el apoyo de su padre, decidió ir a ver a un juez para pedir el divorcio. Eso es absolutamente todo lo que sucede en la película; que se va haciendo cada vez más aburrida entre los flashbacks que tiene la protagonista mientras le explica al juez lo sucedido. El guión no nos permite profundizar en ninguno de los personajes, ni siquiera en su protagonista, pues la película se casa tanto con exhibir los aspectos culturales de un pueblo (al que juzga de bárbaro), que se olvida de por completo de los aspectos dramáticos que van más allá del mensaje; como el ritmo y la partitura de un arco dramático que logre capturar la atención del público.

     Si algo rescataría, me parece que es la fotografía, que presume los hermosos paisajes de la región y que nos da una visión muy aproximada a la realidad que se vive de ese lado del mundo. Los colores por momentos son brillantes y cautivadores,lamentablemente, a pesar de que la fotografía se vea muy estética, su lenguaje visual no presenta ninguna congruencia con el tono de la película (primordialmente triste y oprimido; el sentimiento regente de Nojoon podría ser el miedo).

     El elenco es poco trascendente, quizá el esposo de Nojoon es el personaje más difícil de interpretar y también el mejor logrado, pero su sesgada y breve participación en la historia, no le permite explotar todo su potencial. En el caso de Reham Mohammed, actriz que interpreta a Nojoon, lo hace bien a secas durante la mayor parte del tiempo; sin embargo, su novatez en el medio, y la ausencia de una buena dirección actoral son completamente evidentes. La situación del personaje, hace que éste se mantenga seria y casi inexpresiva durante la mayor parte del tiempo, ese estado de ánimo parece estar actoralmente bien logrado, aunque sin ser nada extraordinario. Es en los momentos realmente dramáticos y que implican una técnica actoral un poco más extrovertida y depurada, donde la interpretación se tambalea y la actriz no puede evitar demostrar una total falta de técnica. No la culpo por ello, pero sí en definitiva a su director de casting y a su coach actoral.

     En conclusión, me parece que la película comete el error de poner todas las canicas en un solo redondel. Le apuesta todo a su discurso y descuida el resto. Desafortunadamente el discurso también cojea y es justo eso lo que no le permite aterrizar. Estoy de acuerdo con que muchas de las antiguas costumbres de la región violan los derechos humanos de sus pobladores, pero también me parece que hacer una crítica tan agresiva sin exponer el otro lado del debate, impide que se genere una verdadera discusión. Criticar la ideología de toda una cultura, me parece algo que puede ser muy revelador y pertinente, sobre todo a un nivel internacional, pero no hay que perder de vista que es algo muy delicado y que debe hacerse siempre con mucha honestidad pero sobre todo con mucho respeto.

 

FB: Patas Escuadras

 
 

*Foto tomada de internet. Todos los créditos correspondientes a la imagen que encabeza el texto.

 
 

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