Escritorio de Raymond Carver 2pq

Pérgola

El minimalismo como arte narrativo; Hemingway y Carver especialistas del estilo

/ por Jorge Millán Nieto/

 
 

La cotidianidad es un tema que, literariamente, ha sido abordado desde diferentes y singulares perspectivas y por escritores que, con su particular manera de tratarlo, formaron un estilo narrativo dramático y entrañable. Los textos de estos autores presentan una realidad tan cercana que al leerlos nos sentimos propensos, indefensos y con la sensación de que no estamos muy lejos de convertirnos en víctimas de la tragedia narrada.

   El minimalismo se vale de este y otros argumentos realistas para construir un estilo narrativo de escueto y breve contenido textual, pero con una riqueza literaria que deja al lector en la inevitable posición de cuestionar y reflexionar todos los sucesos de los que acaba de ser testigo. Sería absurdo que el lector se conformara con la interpretación más superficial de los hechos y del dilema sustancial de la historia sin ahondar e indagar en las alusiones, simbolismos, alegorías y demás figuras retóricas que el escritor presenta, de manera disfrazada, para expresar sus más intensas inquietudes de diversa índole, y que, casi siempre, hacen referencia a la condición y naturaleza humana.

   En su crítica a los libros de Amy Hempel, Chuck Palanhiuk sostiene lo siguiente: “En el minimalismo, un relato es una sinfonía, que crece y crece pero nunca pierde la línea melódica original. Todos los personajes y las escenas, las cosas que parecen distintas, todas ilustran algún aspecto del tema de la historia. El minimalismo también hace uso de la ‘lengua quemada’, que es una forma de decir algo pero diciéndolo mal, retorciéndolo para hacer que el lector tenga que ir más despacio, y obligándolo a leer con mayor atención y no solamente ojear una superficie de imágenes abstractas, adverbios que sirvan de atajo y clichés”.

   En este punto es importante destacar la teoría de uno de los escritores norteamericanos de la generación perdida, Ernest Hemingway, quien con su “teoría del iceberg” innovó la forma de escribir relatos cortos, así como la manera de entablar por medio de este estilo narrativo un diálogo fructífero con el lector, y del cual resultan interpretaciones variadas, algunas cercanas a la intención del autor, otras, en cambio, bastante controversiales y con inclinaciones subjetivas sobre temas de interés particular.

   “Yo siempre trato de escribir de acuerdo al principio del témpano de hielo. El témpano conserva siete octavas partes de su masa debajo del agua por cada parte que deja ver. Uno puede eliminar cualquier cosa que conozca, y eso solo fortalece el témpano de uno. Es la parte que no se deja ver. Si un escritor omite algo porque no lo conoce, entonces se abre un boquete en el relato”, relata Hemingway en una entrevista que le hizo George Plimpton, y que Romeo Giger cita en su trabajo The creative void: Hemingway’s iceberg theory.

   Podríamos referirnos a gran cantidad de escritores que han hecho del minimalismo el eje central de su obra, pero existen dos que han puesto este estilo narrativo en un lugar prodigioso y envidiable para autores pertenecientes a corrientes literarias menos reconocidas: Ernest Hemingway y Raymond Carver representan la supremacía y el orgullo del estilo. Ambos autores utilizan como técnica narrativa desechar los adjetivos, adverbios y descripciones innecesarias que puedan confundir al lector y desanimarlo de hacer interpretaciones atrevidas. Los términos abstractos también quedan completamente descartados de ser incluidos en el relato, porque lo que se pretende es que el lector se forme una imagen mental de cada una de las escenas que se presentan, y al escribir de manera abstracta esta oportunidad imaginativa se vería truncada. Debido a esto, el relato adquiere características consecuentes: brevedad, sintaxis directa y uniformidad.

   Para hallar la riqueza en las narraciones de estos escritores se requiere de un ojo observador y perceptivo que realice la lectura del texto, al cual no se le debe escapar el más mínimo detalle de la historia contada, ya que cualquier acción, objeto y/o palabra puede ser relevante y trascendental para descifrar lo sustancial de la obra o lo que puede ser significativo para la resolución del dilema que aborda; incluso el silencio y los vacíos de información juegan un papel importante en esta tarea encargada implícitamente al lector. Aquí es donde entra en juego la interpretación, terreno en el que el lector puede darse libertades y tomarse atribuciones que Hemingway y Carver no le han otorgado formalmente, pero que sí puede reclamarlas al haber sido atrapado por la trama y el drama de la narración.

   Con sus relatos nos transitan por los caminos de la cotidianidad y el absurdo de la misma, haciéndonos creer que nada de lo que hacemos en nuestra vida importa en realidad, invitándonos consciente o inconscientemente a tomar el rol de alguno de los personajes que forman parte de sus relatos. Sin embargo, esta es una invitación cruel, ya que estos individuos son la representación de la decadencia, de la soledad, del olvido y de innumerables condiciones humanas que evocan la tristeza del ser humano.

   Para tratar de explicar y desarrollar esta tesis, valdría la pena ahondar en dilemas específicos abordados en algunos de los cuentos de estos autores, dilemas que son un producto de un análisis interpretativo que, a pesar de estar propenso a subjetividades, esclarecen los espacios en blanco y vacíos de información que muchas veces dejan de manera intencional para entablar ese ya municionado diálogo con el lector.

   Entre algunos de estos citados dilemas es fundamental destacar la relación de pareja. La perspectiva que tienen Hemingway y Carver de este tipo de convivencia es, esencialmente, inestable, problemática y dependiente, como la de la mayoría de las relaciones amorosas de una sociedad norteamericana sumida en crisis económicas e ideológicas de sus respectivos contextos. Esta convivencia representa el temor a la soledad, el temor a la introspección del ser humano, así como la imposibilidad de conseguir la felicidad por medios propios, aunque para ello tengan que compartir el resto de su vida con una persona que no satisface sus exigencias o expectativas correspondientes al sexo opuesto.

   Estas características las podemos encontrar en cuentos de ambos escritores. Colinas como elefantes blancos y Las nievas del Klimanjaro, de Ernest Hemingway, e Intimidad, de Raymond Carver son claros ejemplos de este tipo problemáticas. Con Hemingway encontramos una codependencia de pareja en la que los personajes son, a su manera, una manifestación de existencialismo emblemático y difícil de descifrar. Por un lado está esa convivencia muchas veces masoquista, que refleja la imposibilidad de ser feliz por sí mismos y consigo mismos, y por otro ese pasado que los persigue e incluso los atormenta, que los hace reflexionar sobre el sentido de su existencia y lo que han hecho para mejorarla, para moldearla a su gusto con el fin de que les genere confort, pasividad y una ansiada felicidad.

   Desgraciadamente para ellos, en medio de esta confortante divagación, recuerdan su realidad y reconocen que ese estado utópico les resulta inalcanzable, y es inalcanzable porque en el trayecto se echan a la espalda pesadas cargas que contienen paquetes de fracaso, frustración y soledad, los cuales se convierten en fieles acompañantes en su búsqueda del hilo negro de la vida, mismo que se encuentra en un pajar de hilos negros que son defectuosas copias del original.

   Los personajes de Carver, por su parte, son seres con un anhelo de independencia, pero que no logran conseguirla, o lo hacen pero de manera ambigua, porque, al igual que los de Hemingway, sufren de una congénita propensión al fracaso y a la soledad, así que, más que conseguir, son orillados, por su propia naturaleza, a padecer esta independencia. Pero la soledad no es su verdadero problema, su inquietud más fuerte consiste, como las creaciones humanas del primer autor, en cuestionar el sentido de su existencia, preguntarse por qué están en el lugar en que están y por qué se encuentran ahí, nada tiene sentido para ellos si no encuentran una razón para actuar y existir. También suelen afligirse por su pasado, un pasado tormentoso lleno de culpas que generan arrepentimientos, pero que, desgraciadamente, están destinados a cargar con el peso de esa terrible carga.

   El minimalismo en Carver también reside en la carencia casi por completo de anécdota argumental, retratos psicológicos o alicientes de otro tipo, así como en hacer saltar entre la paja una chispa de grandeza venida desde lo más pequeño, menos se convierte en más, es decir: irrelevante se convierte en sustancial. Es como si, en un film cinematográfico, la cámara enfocara sorpresiva y arbitrariamente un objeto que ha ignorado durante gran parte de la escena, y lo hiciera desde distintos ángulos para que el espectador intente comprenderlo y descifre su valor intrínseco aislándolo de la trama de la película.

   En el cuento Tres rosas amarillas, se puede percibir claramente esta evolución gradual de menos a más, objetos que toman relevancia de personajes, o incluso mayor. Es ese objeto inanimado el que te está hablando en el momento culminante de la historia, es el que ahora te la está contando, y por medio de él te podrías enterar de cómo se resolverá la disyuntiva que envuelve a los personajes.

   Al respecto, Jaime Pride, en su texto Así entiende Pride a Carver, señala: “El impacto de sus relatos suele centrarse muchas veces en una sola imagen: un caballo en la niebla, un pavo real, una catedral, un cenicero… La imagen, como en un poema, organiza la historia, conduce las reacciones del lector hacia una serie de complejas asociaciones”.

   Todos estos elementos anteriormente mencionados también son características importantes del minimalismo; es decir, situaciones de la realidad cotidiana que son utilizadas para contar una historia. El minimalismo se vale de vivencias y fragmentos de la realidad para sustentar su corpus literario, mientras más convencional y aparentemente intrascendental sea la anécdota contada se logra con mayor eficacia el estilo minimalista.

   En fin, podría seguir y seguir en esta entretenida y gratificante labor de elogiar la corriente minimalista, y hablado específicamente de sus principales exponentes (Hemingway y Carver), pero basta culminar con la sentencia de que el minimalismo es una pieza clave dentro de las vanguardias literarias, porque representa una innovación en el arte de narrar, y porque nos puede guiar por caminos que inevitablemente se bifurcarán. Quién sabe, tal vez hasta sea la llave que abrirá las puertas de nuestra percepción como individuos que, hasta el momento han permanecido cerradas, una llave maestra que lectores obtusos no podrán utilizar.

 
 

Bibliografia:
Giger, Romeo. 1977. The creative void: Hemingway’s iceberg theory. Bern: Francke.

Pride, Jamie. 2004. Así entiende Pride a Raymond Carver, del libro Dejad que baile el forastero. Bartebly Editores.

Los pilares del minimalismo, en boca de Tom Spanbauer pero escrito por Palanhiuk: http://foroshdv.esforos.com/post6419?lofi=1

 

 

*Foto tomada de internet. Todos los créditos correspondientes a la imagen que encabeza el texto.

 

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com)

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