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ArbotantesPersistencia retiniana

Libros, vinos y vinilos

/ por Ricardo Alcántara/

 
 

La semana pasada fui a la sala de cine de Casa Nueve Cholula y me encontré con una película que me sorprendió. Me tardé en verla pues ya se había hecho más o menos popular luego de formar parte de la selección oficial de Cannes del año pasado; sin embargo, hasta ahora no la había escuchado nombrar en los exhibidores locales.

   La película Aquarius, ganadora del premio a Mejor Película en el Festival de Cine de Sidney y nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, es una producción brasileña escrita y dirigida por Kleber Mendonça Filho y protagonizada por Sonia Braga que nos invita a sumergirnos en la vida de Clara, una mujer entrada en años que, luego de superar el cáncer de mama, decide seguir viviendo sola en su departamento a pesar de los ruegos de sus hijos y de la insistencia de un joven empresario que lucha por comprarle el piso (el único del edificio Aquarius que aún no ha sido abandonado) para demolerlo y así poder construir un centro comercial.

   Las necedades y excentricidades de Clara nos llevan a descubrir a un personaje viejo de alma joven, de esas que no cambian con los años. Tanto en sus relaciones, como la entrañable amistad que sostiene con la mujer que le ayuda en la casa, el salvavidas de la playa de enfrente y sus amigas de la juventud; como en sus aficiones, leer, nadar en la playa, beber vino tinto, coleccionar discos viejos y salir a bailar; encontramos una curiosidad inquisitiva. Clara es una persona ávida por entender mejor al mundo y a sí misma, redefiniendo su pasado y su porvenir con actitud nostálgica, pero divertida, que busca en las nuevas experiencias de su vejez temprana una clase de segunda adolescencia, llevándole siempre la contraria a todo; sus hijos, sus amigos y al mismo curso natural del mundo contemporáneo.

   Sonia Braga hace una actuación espectacular que nos conecta con fuerza y erotismo a un personaje inolvidable que le ha valido el premio a Mejor Actriz por parte del San Diego Film Critics Society, el Premio Iberoamericano de Cine Fénix, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y el Festival de Cine de Lima. Además, la cinta está llena de espacios con colores frescos y airosos, con una amplia gama de azules, dando vida a un excepcional trabajo fotográfico por parte de Pedro Sotero. La narrativa es lenta y pausada; de un carácter contemplativo que disfruté mucho, pero debo admitir que llevadas tres cuartas partes de la historia, el ritmo cae en un bache del que me costó trabajo recuperar la atención ya que la película divaga un poco profundizando más en la situación legal del edifico que en la vida de Clara, que es lo que predomina durante la primera mitad de la película. La película de por sí es larga (dura 140 minutos) y hacia el final, con el tema del edificio, el papeleo y los abogados; definitivamente pierde fuerza dramática, aunque a un nivel simbólico es una gran forma de metaforizar el enfrentamiento entre el espíritu individual y la corriente aparentemente indetenible de la globalización, la modernidad y la industrialización. Me parece que no podemos dejar de hablar de cierta clase de existencialismo tanto en el personaje principal como en el discurso general de la película.

   No la recomiendo mucho para gente a la que le cueste tolerar el cine contemplativo, pues es probable que les parezca un poco aburrida. Sin embargo, a los interesados en un cine más reflexivo y filosófico, los invito a que vayan a verla un día con calma y con ánimo de disfrutar cada toma como si fuera una pintura en movimiento, seguro les va a encantar.

 

 

FB: Patas Escuadras
 

 

 

 

*Foto recuperada de internet. Todos los créditos correspondientes a la imagen que encabeza el texto.

 

 

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