Voluta desdibujada

La niña que pudo más que una sociedad

/por Alan García/

 

El Lofi Hip-hop –me atrevo a decir– es uno de los fenómenos musicales más importantes de este siglo. La popularidad de las transmisiones 24/7 “to relax/study to”, nos deja inferir que está casi a la altura del K-Pop y todo lo que ha logrado Billie Eilish. Su impacto en las generaciones más jóvenes, sin embargo, no suele tomarse en cuenta debido a que la escuchamos como música de fondo. Ha reemplazado al refrigerador como el ruido blanco que no notamos, pero cuando desaparece deja un vacío que arruina nuestros planes y nos impide seguir estudiando. Entonces nos damos cuenta de lo sustancial que se ha vuelto en nuestra vida diaria. No obstante, para muchos tiene otras funciones que responden a algo nuevo, muy propio de la llamada Generación Z (mi generación).

 

         Podemos encontrar algunos antecedentes en los 60 con Smiley Smile de los Beach Boys, que confundió a todos por su sonido amateur. Sin embargo, fue en los 70 cuando, con fines experimentales, dicho sonido pasó a ser una técnica en álbumes como McCartney y A Wizard, a True Star de Todd Rundgren. Pero el mayor aporte de esta década fue el concepto de música DIY gracias al nacimiento del Punk y a las grabaciones caseras de R. Stevie Moore. Para los 80 ya era conocido el término Indie, entendido como eso, un grupo de artistas independientes que podían vivir de la música sin apoyo de alguna disquera. Aprovechando la cultura del casete en que les tocó vivir, aparecieron también artistas como Daniel Johnston o Jandek, que posteriormente serían llamados outsider musicians: gente sin una educación musical formal y que, en varias de sus canciones, hablan de salud mental.

 

         En los 90, el término low-fidelity ya era visto como un género propiamente dicho y no como una serie de accidentes indeseables en el ámbito profesional. Empezó a estar relacionado con el estereotipo slacker (flojo, típico entre los skaters) de la Generación X y, por lo tanto, hay un vínculo inmediato con esa niñez despreocupada y llena de problemas baladí para los adultos. En otras palabras, lo que antes era solamente música se convierte también en imagen. Ya hacia los 2000, con el desarrollo de tecnologías más sofisticadas y accesibles, varios músicos Lofi adoptan un sonido más refinado y se alejan de la estética original.

 

         Hasta aquí, un patrón: el sonido low-fidelity es un error –o casi– cometido por artistas sin un equipo más avanzado o que buscaban experimentar. Así, conforme tienen acceso a nuevas técnicas, empiezan a evitar esos accidentes o experimentan de otras formas. Pero en este siglo hemos visto un cambio significativo: los nuevos artistas, aquellos que nacieron y crecieron con la posibilidad de hacer canciones más refinadas, decidieron usar equipos viejos o usar los nuevos para crear un sonido vintage. Así aparecen movimientos como el Hypnagogic Pop o el Vaporwave, y gente como Ariel Pink, Nujabes o, más recientemente, Clairo y Jack Stauber.

 

         Surge también el Lofi Hip-hop, cuyo estilo –inspirado en J Dilla y el mismo Nujabes– busca recrear el pasado a través del presente; es decir, usa nuevas tecnologías y samples más o menos recientes para producir nostalgia. La mayoría de las canciones meten estática al fondo de la música, el crujir de la cinta en un casete, y a veces un poco de saturación en la mezcla de instrumentos, dándoles más profundidad y una sensación de lejanía. Los samples suelen ser diálogos de películas, piezas noventeras y/o intros de programas que muchos veíamos de niños. 

 

         Por otro lado, está el elemento visual. Así como en los 90 el término low-fielity se relacionaba con el slacker, el Lofi Hip-hop se ilustra con videos, fotos y dibujos que evocan nostalgia y melancolía. Su paleta de colores complementa todo eso, pues en la mayoría de los casos aparecen el morado, el rosa y el azul, muchas veces en tonalidades suaves o neón. El contenido de las imágenes puede variar: no es raro pasar de un video con flores de cerezo (la estética japonesa es muy común) a alguna escena triste de Los Simpson (tendencia conocida como Simpsonwave).

 

         No está de más aclarar que lo anterior son generalidades. Como en todo, hay excepciones, y el Lofi Hip-hop llega a incorporar elementos de otros géneros, especialmente el jazz y R&B. Pero tanto la regla como sus excepciones apelan a ese sentimiento que todos tenemos cuando nos damos cuenta de que la infancia ya no es nuestro presente. Así que no debe sorprendernos que, debido a las circunstancias de la Generación Z, la principal demografía del Lofi Hip-hop sean adolescentes y “adultos jóvenes”. Además de que nuestra niñez acabó hace aproximadamente diez años, somos la primera generación que no alcanzó a vivir una época previa a la automatización. Todos nuestros conocimientos, incluyendo nuestra consciencia de lo “viejo”, han estado mediados directa o indirectamente por la tecnología moderna. Cualquier imagen que tengamos del pasado será inevitablemente una idealización. 

 

         Y es justamente esa visión del pasado cercano o lejano lo que caracteriza a la nostalgia. Diríase que esto no explica completamente la demografía del género: si su encanto yace ahí, también debería ser popular entre las personas mayores. Pero es aquí donde los samples y las imágenes cobran relevancia. Ambos reflejan un presente que mi generación sí vivió, sea a través de una serie que veíamos antes de la escuela o experiencias más comunes en la juventud que en la vejez, como la ansiedad o el constante enamoramiento.

 

         La nostalgia del Lofi Hip-hop, pues, es doble: por un lado, nos hace idealizar nuestro pasado; por otro, tal vez gracias a la distancia, hace que queramos vivir bajo circunstancias en las que no estamos. La prueba está en la anécdota. Si uno ve los comentarios de YouTube, encontrará varios que describen sentimentalmente una atmósfera vintage basada en el video, minificciones que toman lugar en el extranjero, o escenarios en los que la presión de la vida diaria ya no existe. El chiste es escapar y ayudar a otros a hacer lo mismo. En otras palabras, la demografía del Lofi Hip-hop se caracteriza por el estrés y el deseo de abandonar un contexto que no podemos navegar.

 

         Se me ocurren dos implicaciones. La primera es negativa, perjudicial a largo plazo para quien caiga en ella. Si, en efecto, usamos la estética del Lofi Hip-hop como un instrumento para escapar de la realidad, eventualmente ésta será todavía más insoportable y, nuestro escape, una droga. Los golpes al apagar el celular serán cada vez más fuertes, dejándonos en un círculo vicioso en el que, a mayores los golpes, mayor el tiempo que pasaremos huyendo y viceversa. Además, no hay que subestimar nuestra autonomía: si en vez de enfrentar las cosas preferimos ignorarlas, nada va a cambiar significativamente. 

 

         Ahora bien, podría argumentarse que un espacio seguro no tiene nada de malo, y que cualquier paliativo funciona bajo circunstancias aparentemente incontrolables, y estoy de acuerdo. Pero, tarde o temprano, la realidad va a llegar y más nos vale estar preparados. El sentido de nuestra vida, la felicidad, el Tao, como quieran llamarlo, no puede estar en un espacio virtual. Se trata de una ficción que, pese a simular la realidad, no tiene los elementos que sólo una experiencia directa puede darnos, y por lo tanto es una solución incompleta.

 

         Con esto creo haber repasado, al menos de forma general, la mayor desventaja del Lofi Hip-hop: no podemos mejorar la realidad desde afuera. Pero hay otro uso del género que podríamos ver como el extremo opuesto de la adicción. Si vamos, por ejemplo, a los videos de Simpsonwave, habrá sobre todo dos tipos de comentarios: los que hacen memes y los que se expresan con honestidad. Ambos comparten el aire de nostalgia y melancolía del que hablé, sólo que a distintos niveles. Pasa entonces algo raro, y es que incluso los memes terminan convirtiéndose en una conversación seria. Los temas varían: unos están ahí porque se sienten deprimidos, otros simplemente están estudiando, y todos usan los comentarios para desahogarse. Las respuestas son mensajes de apoyo y optimismo, y quienes comentan a veces aprovechan para hablar de sus propios problemas.

 

         No sé qué tan efectivo sea: a fin de cuentas, sigue siendo un espacio virtual. Pero sí sé que hablar de esos temas, sobre todo los problemas de salud mental, es difícil y poco común. El  que haya un lugar donde las personas puedan expresarse abiertamente, y que la respuesta sea positiva, me parece algo muy bueno. Y si bien, como ya dije, sigue siendo un espacio virtual, también es cierto que, en este caso, se está usando ya no como un escape de la realidad, sino como un medio accesible para hablar de ella.

 

         Adicción y desahogo. Creo que de los extremos del Lofi Hip-hop podemos sacar dos conclusiones. La primera, que es importante quedarse en la realidad; al menos intentarlo, pues todavía es posible lograr un cambio sustancial. La segunda apunta a algo de lo que ya he hablado en otras columnas: la comprensión. Aunque raro, no es sorprendente que mucha gente prefiera hablar de sus problemas en YouTube. A estas alturas, parece una moda burlarse de los jóvenes por ser demasiado sensibles, ponerles apodos como “generación de cristal” o “copitos de nieve”. Puede que sea cierto y, el Lofi Hip-hop, un síntoma de ello. Pero problemas son problemas, y muchas veces la responsabilidad individual no es suficiente. Si conocemos a alguien con depresión, ansiedad, o cualquier otro trastorno, lo peor que podemos hacer es rebajar la gravedad del asunto porque, si lo llevamos a sus últimas consecuencias, deviene la muerte de quien padece.

 

         Se trata de escuchar, ofrecer el apoyo que podamos dar y hacerle ver al otro que, a pesar de todo, no está solo. Lo ideal sería que el chat de los “lofi hip hop radio” ya no tuviera comentarios tan serios. Significaría que ahora todos tienen la confianza de enfrentar la realidad desde la realidad misma. Sobre todo, significaría que hemos asumido algo que ya debería ser obvio: los problemas de salud mental no son cosa de locos.

 

Algo que escuchar:

lofi hip hop radio – beats to relax/study to (transmisión 24/7): https://www.youtube.com/watch?v=5qap5aO4i9A&ab_channel=ChilledCow 

Nujabes – Luv(sic) Part 4 (feat. Shing02): youtube.com/watch?v=zq-lIBwhWLk  

Alembic – I fall in love, too easily: youtube.com/watch?v=DRrkAqnY8wI 

kudasai – the girl i haven’t met: https://www.youtube.com/watch?v=XDpoBc8t6gE&ab_channel=Ikigai 

N O S T A L G I C (playlist Simpsonwave): youtube.com/watch?v=hQyzEyIf7P0

 

Artículos consultados (aparte del wikipediazo):

“Beats to Relax/Study To: Contradiction and Paradox in Lofi Hip Hop” (Emma Winston: IASPM)

“‘Lofi’: el género musical que ha provocado el auge de las emisoras de radio piratas en YouTube” (El País): https://elpais.com/cultura/2018/05/07/la_tuboteca/1525708663_103272.html

“Lofi hip-hop radio: beats to relax/study to” (Justin Wang: Standford University)

 

Imagen: Juan Pablo Machado

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: esporarevista@gmail.com).

 

Tags :#lofi hip-hop#study to#youtubebeats to relax

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