Cerdos y aberrantes

Feel Good: cómo hablar de trauma desde la comedia

/por Malú del Ángel/

 

Sigo a Mae Martin desde que me aparecieron videos cortos de sus presentaciones de stand up en la sección de “para ti” de  Facebook. Sé que el algoritmo de recomendaciones funciona; de inmediato me di cuenta que ése era mi tipo de humor. Por eso me alegró mucho abrir Netflix en marzo del año pasado y encontrarme con una serie escrita y protagonizada por ella. Devoré los seis episodios en una noche y quedé impresionada con lo honesta y personal que es la historia. 

 

         En este relato cuasi-autobiográfico, Martin interpreta a una versión de ella misma: una adicta en recuperación que trata de construir una carrera en el mundo del entretenimiento, al mismo tiempo que tener una relación amorosa funcional. En una de sus presentaciones en vivo conoce a Georgina o “George” (Charlotte Ritchie), quien era parte de la audiencia. Tienen una conexión instantánea y pronto comienzan un noviazgo, pero George ha sido exclusivamente heterosexual hasta ese momento, es decir, es la primera vez que sale con alguien de su mismo sexo. Esto las ubica en distintas etapas del proceso de autoaceptación,  lo cual causa dificultades para ambas. La primera temporada nos introduce a  un personaje protagónico carismático,  ingenioso pero imperfecto y a un romance caótico que llega a resultar frustrante para el espectador. En general, se trata de una comedia romántica que abre las puertas a temas relevantes a la actualidad como la adicción, la salud mental, el autodescubrimiento y la identidad de género.

 

         En junio salió la temporada final y esta segunda entrega es más intensa y personal que la anterior. Inicia con Mae en un centro de rehabilitación a consecuencia de su última recaída. Su relación con George parece haber llegado a su fin, pero esta ya no es una historia de amor ni de adicción. El tema principal de estos seis episodios es el trauma. Desde el principio, la narración sugiere que algo terrible ocurrió en el pasado de Martin, pero no se revela demasiado. En partes llega a ser desesperante ver cómo el personaje niega sus problemas emocionales y mentales, tiene ataques de pánico pero no les da importancia y se vuelve evidente que sus conductas adictivas se extienden más allá del consumo de sustancias. Sí, las drogas son malas, pero la razón por la que las personas abusan de ellas suele ser peor. Pronto, queda claro que Mae haría cualquier cosa por evitar abordar su pasado.

 

         A pesar de lo anterior, la comedia sigue siendo el motor del programa. El estilo que se utiliza es oscuro y se basa en chistes de autodesprecio. Se debe reconocer el nivel de complejidad involucrado en tocar temas tan serios sin perder ese toque humorístico. ¿Cómo ser gracioso cuando tu vida se cae a pedazos? Pues no hay mejor momento para ser gracioso: el arte viene de la desgracia, pero también hay que tener cuidado con esta práctica. El humor es un mecanismo de defensa, pero burlarnos de nosotros mismos puede llegar a ser hiriente. Es cierto que nadie te enseña a lidiar con el trauma. Las personas no están preparadas emocionalmente para afrontarlo, por lo que es fácil caer en hábitos autodestructivos. 

 

        A pesar de lo que diga tu primo, el que cuenta chistes machistas “sólo para provocar a las feministas”, hay algo de verdad detrás de esas bromas: es su conexión con la realidad lo que las hace graciosas. He aquí el problema de utilizar el autodesprecio: te impide sanar. En su especial de Netflix, “Nannette”, la comediante Hannah Gadsby aborda este tema en un set imposible de categorizar. Ella habla de los abusos y agresiones que vivió, además de la importancia de  contar su historia sin las capas de ironía que ridiculizan su experiencia. Según Gadsby, las personas que vivieron un evento traumático están acostumbradas a lidiar con la tensión y, al hablar de su trauma, tienden a volverse a sí mismas el objeto del chiste para que los demás se sientan más cómodos. Es a mitad de su presentación que decide romper este pacto entre el artista y la audiencia: “He construido una carrera a partir del humor autocrítico y ya no quiero hacer eso. ¿Entienden lo que significa el autodesprecio cuando proviene de alguien que ya es marginado? No es humildad, es humillación”.

 

         Aclaro que lo anterior no es el caso de Feel Good, lo especial del show es que no le tiene miedo a incomodar. Al contrario, es como si tratara de llevar la incomodidad al límite. Los chistes no están hechos para hacer sentir mejor a la audiencia en los momentos difíciles, ya que es ahí cuando se mantienen al margen. Al final, no hay risas cuando Mae debe confrontar la raíz de su trauma, te dejan sentir la tensión y eso es lo que le da a la serie un perfecto desenlace catártico. 

 

“La risa no es nuestra medicina. Las historias tienen nuestra cura. La risa es solo la miel que endulza la amarga medicina “

—Hannah Gadsby, Nanette (2018)

 

 

Los textos así como su contenido, su estilo y las opiniones expresadas en ellos, son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan la opinión de la UDLAP. (Para toda aclaración: web.esporarevista@gmail.com).

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