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En corto

No mires el techo

/por Aydeé Tlelo/

 

Me despierto jadeando y sudando. Me siento en la cama. Las lágrimas continúan recorriendo mi rostro. La luz de luna que entra por la ventana ilumina parte de mí. Tuve un sueño realmente tétrico. No puedo recordarlo todo, pero tengo miedo, mucho miedo.

 

         Había algo en mi casa, completamente desconocido y macabro que hizo conmigo algo espeluznante. Siento que muero. Tengo la mano izquierda completamente dormida. Me duele todo el cuerpo. El sentimiento de pavor persiste.

 

          Me recuesto de nuevo e intento tranquilizarme. Fuerzo mi cuerpo a relajarse. Respiro profundo y cierro mis ojos, de pronto la puerta se azota y los abro de golpe. Siento un calor extraño, inusual e intenso. Mi corazón se acelera. Una oscuridad me invade, no puedo distinguir entre tener los ojos abiertos o cerrados. Escucho corrientes muy fuertes de aire, pero el calor continúa aumentando.

 

          No sé cómo, pero tengo una venda en la cara que no noté hasta que una figura de poco más de un metro de altura me la quitó. Se da la vuelta inmediatamente. No reconozco qué es. Se ve delgada y encorvada, parece quemada, con poco pelo y una piel arrugada, brillante pero oscura.  La habitación está repleta de sombras difusas contrastando con las llamas de un fuego inexistente. Aterrador. Escalofríos me recorren el cuerpo sin cesar. De pronto el ser regresa con un cuchillo largo, afilado y reluciente. No puedo emitir sonido. No puedo moverme. No puedo escuchar nada. Horror. La sombría criatura sin labios ni párpados se acerca y toma mi mano izquierda. Su piel es áspera y seca. Mis extremidades luchan desesperadamente, pero no puedo moverme. No puedo decir nada. Mi respiración se vuelve cada vez más entrecortada.

 

         El calor me está matando. Siento que voy a perder el conocimiento. Esa entidad aterradora va a mutilarme. Me muero. Me sofoco. Siento el corte, pero no es como lo esperaba. Siento cómo traza una figura. Esto no puede ser real. No es real. Ayúdame. El demonio me mira con sus ojos tan contrastantes en sus cuencas profundas, pupilas tan negras y escleróticas tan blancas. Brillantes. Diabólicas. El trazo es una estrella de cinco picos bien delimitada a pesar de toda la sangre a su alrededor. “No mires el techo” dijo. 

 

         En un instante me amputa la  mano. Grito. Grito tan fuerte echando mi cabeza hacia atrás. Cuando abro los ojos deseo haber recordado la indicación:  “no mires el techo”. Grito más al verme a mí misma pegada allí, mirándome desde arriba con una expresión desfigurada. Aterradora. Demoníaca. Con una sonrisa de oreja a oreja y los ojos extremadamente abiertos, llenos de venas sangrientas; parece que se fueran a salir. Caigo sobre mí abriendo mi boca gigante sin perder la sonrisa macabra. El calor me consume. Me ahogo. Me asfixio. Exploto. Todos mis huesos se rompen. Mi cuerpo está ahora por toda la habitación. Inhalo profundamente y siento que me congelo. Estoy sonriendo satisfecha admirando lo que he hecho.

 

         Me despierto jadeando y sudando. Me siento en la cama. Las lágrimas continúan recorriendo mi rostro. La luz de luna que entra por la ventana ilumina parte de mí. Tuve un sueño realmente tétrico. No puedo recordarlo todo, pero tengo miedo, mucho miedo.

 

Microrrelato ganador de la categoría En corto en el primer concurso de Espora web.

 

Imagen portada: IG @anandbanana

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Tags :#Díademuertos#Halloween#Terror

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